jueves, 30 de junio de 2022

EN LA ALEGRÍA Y EN LA PENA, TÚ MI ÚNICO BIEN

 VIDA DE LA PALABRA                                 últimas semanas de JUNIO


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2) y la de mayo («Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros», Jn 13, 34):

 

1.-        La PdV de junio para mí ha sido fantástica. Le he dicho el Señor a lo largo de cada día decenas de veces “Tú eres mi único Bien” y me ha ayudado en las alegrías y en las penas.

            Me ha hecho no caer en la vanagloria y ser más agradecido al Señor cuando una situación, una conversación, una persona o cosa o circunstancia era agradable, para no apegarme y para reconocer Su intervención detrás de todo.

Como cuando por fin hemos logrado regularizar el punto de suministro eléctrico de la Parroquia, (que, además, supondrá un buen ahorro anual), más allá de las horas empleadas por el equipo correspondiente de voluntarios de la Parroquia en revisar, medir, interpretar… y de alguna tensioncilla y de horas al teléfono.

También, (con el mismo grupo de personas), decidir entre los 6 presupuestos que habíamos recibido para una instalación fotovoltaica de placas solares, (quizá podrá estar a finales de julio). Y la correspondiente campaña para sufragarla entre los feligreses (“pon un sol en tu vida”) que hoy hemos lanzado.

Pero también “Tú, Señor, eres mi único Bien” en las dificultades y los múltiples “flecos” que todavía andan sueltos o se van produciendo en cuanto a gestión o mantenimiento de los edificios parroquiales. También ahí, no desanimarme… porque, “no esas cosas, sino Tú, Señor, eres mi único Bien”.

P.ej. ante los coletazos de una sanción leve de Hacienda a la parroquia antes de llegar yo, (y otra que acaba de llegar, actual); o una multa porque pasé al centro de Madrid en coche, (pues no debió llegar el correo-e. que mandé pidiendo autorización como siempre en ocasiones similares).

O el hombre que ha venido esta tarde poco antes de las 4, (y yo teniendo que ultimar este correo y los preparativos a correprisa para salir de campamento mañana), aunque estaba cerrado el vallado parroquial, y he escuchado con atención y sin dar muestras de impaciencia la casi una hora que ha estado hablando, (parece que no anda del todo bien psicológicamente), y luego se ha confesado.

Todo ocasiones bonitas que, después de decir interiormente de corazón, “Tú, Señor, eres mi único Bien”, producen paz en el alma y serena felicidad por el diálogo y cercanía con Él.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2), la de mayo («Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros», Jn 13, 34) y la de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15):

1.-        “meditando el versículo del salmo de la PdV, me doy cuenta de lo mucho que me cuesta vivir esa realidad. Amo a Dios, he experimentado su ayuda en muchos momentos, también su compañía; sin embargo,  en los momentos en que me pide renunciar a algo que quiero, me cuesta: veo que mi corazón tiene apegos que no tienen nada que ver con Él y no soy capaz de entregarlos, aunque vea claramente que me alejan de Él, porque no me dan paz. 

Sólo Dios basta, sólo Dios es nuestro bien... es cierto y yo le pido que me ayude a vivirlo, sobre todo a saber renunciar a aquello que me pide, a aquello que, aun queriéndolo, no es bueno para mí... y lo que me parece peor es que yo lo veo con claridad, pero me cuesta desasirme... Como dice Jesucristo: “estos demonios son los que se van con la oración...” y eso es lo que pido: oración. Gracias por compartir la PdV…

…lo que el Señor me ha hecho ver: fuera de Él, de su Palabra de sus mandatos, de su Amor en definitiva, sólo hay caos, inquietud, zozobra... infelicidad.

 

2.-        “ como siempre, la Palabra de Vida y tus vivencias, -puesta en práctica de ella-, son una maravillosa ayuda para nuestra vida... Cuando recibo tus letras me viene a la mente… el amor de Dios es tan grande que se vale… para seguir su misión en el mundo... En este caso, a través de ti y tantas personas. Por eso, al leer lo que nos mandas... es como una cadena de eslabones que nos unen con  Dios y entre nosotros…

Cuando iba leyendo tu experiencia me venía a la mente y al corazón que, en muchas ocasiones, sobre todo en momentos difíciles, repetía las frases que tú has dicho y, efectivamente, te producía en el alma una gran liberación y alegría... Así que ese "recordatorio" te lo agradezco muchísimo. Feliz verano.

 

3.-        “Dios aprieta pero no ahorca: llevamos 5 años que nos toca una detrás de otra, y "Tú, Señor, eres mi único Bien" es lo que vivimos casi a diario.

Lo último es que a nuestro hijo le han diagnosticado un autismo...: se te viene el mundo abajo, pero a pesar de todo, estamos seguros que Dios lo mandó a nuestro Hogar, porque mi marido y yo podemos con eso, y lo adoramos por encima de cualquier diagnóstico.

Vamos a ir a Lourdes a pedir el milagro de su sanación. Llevaba tiempo pensándolo, pero cuando nos cayó el papel con el diagnóstico, supe que era el momento. Dios tiene un plan para cada uno y hay que seguir Sus planes… hago unidad con este Jesús Abandonado, ofreciendo por el bien de los demás.

 

 

 

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miércoles, 15 de junio de 2022

TENER A DIOS COMO ÚNICO TESORO NOS HACE LIBRES

 VIDA DE LA PALABRA                                   primeras semanas de JUNIO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2) y la de mayo («Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros», Jn 13, 34):

 

1.-        El texto que en la anterior entrada de hoy te he copiado lo escuché a Chiara Lubich en una multiconferencia telefónica a finales de noviembre de 1991, (pocos meses después publicado en la revista Ciudad Nueva): “Tú, Señor, eres mi único Bien”. El tratar de ponerlo en práctica a cada instante durante las semanas siguientes, produjo un bien inmenso en mi alma: una cercanía y connaturalidad con Dios tan grande, que parecía que yo llevaba alas en los pies por la felicidad inmensa del alma incluso en medio de las contrariedades.

También le ha hecho un bien inmenso a muchas personas, (de todo estado y edad), a las que desde entonces se lo he ido explicando, no solo desde la teoría, sino también desde mi experiencia de aquellas semanas, (y posterior). Incluso cuando acompaño alguna tanda de Ejercicios Espirituales, suele ser una de las primeras meditaciones que siempre ofrezco a los participantes.

Desde entonces en muchos momentos y circunstancias no he dejado de vivir ese salmo, pues siempre “salta” como un resorte en mi mente y mi corazón: en todos estos años me ha ayudado muchísimo a mantener sintonía interior con el Señor.

Ahora la PdV de este mes nos lo vuelve a proponer. ¡Señal de que debo dar un paso más allá en su vivencia!

Ese versículo del salmo dirigido hacia el Señor, me está ayudando a elegirlo a Él como primero y centro, en pequeñas cosas a las cuales se puede aferrar el corazón sin darse cuenta: ante una comida que me han regalado y que me gusta, y que parece que los jugos gástricos empiezan a funcionar… “Tú, Señor, eres mi único Bien, aunque te agradezco esto (y lo agradezco en el alma a quien lo trae), Tú eres el centro: no el comer o no comer, ni que esté sabroso o no”.

Ante el calor de estos días, (nunca había tenido 33º dentro de una casa parroquial durante la madrugada y 31º al amanecer): “Tú, Señor, eres mi único Bien, el centro eres Tú, no el calor, (¡ni el frío del invierno!), y por tanto, sigo amando en cada cosa que hago, en tratar de vivir bien tu Voluntad, aunque esta sea dormir... y cueste...”.

Y lo mismo en contrariedades o malentendidos: p.ej. con la empresa que pondrá paneles fotovoltaicos próximamente en la parroquia; en dificultades de organización; en imprevistos que me hacen “perder” toda una mañana...: “Tú, Señor…”.

En cosas o tareas que prefieren a otros y no a mí… “Tú…”: “¡me alegro!, pues importas Tú y tu reino; no quien lo haga”.

¡Son decenas de oportunidades de diálogo interior con a Él en el caminar diario junto a Él!

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2), la de mayo («Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros», Jn 13, 34) y la de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15):

1.-       …Comparto contigo las experiencias de vivir la Palabra de Vida... "Tú eres, Señor, mi bien... "

Mi bien, cuando me llega la tristeza por la ausencia de mi madre... Mi bien, que todo lo llena, todo lo cubre de amor y me lanza a amar y a ponerme al servicio de quienes veo en necesidad.

Necesidad de compañía que brindo a mi hermana y a personas que ahora lo necesitan.

            Y “Tú eres, Señor, nuestro bien”, el que nos hace salir al encuentro del otro, el que está, aunque no se le vea...

-El que se deja ver en los tristes y afligidos.

-El que siempre escucha nuestras oraciones y súplicas.

-El que nos cuida y guarda como a la niña de sus ojos...

Y “Tú eres, Señor, mi Bien” cuando de entre esa desgana, saco ganas de hacer algo por los demás y me brindo a ayudar en el cole durante el recreo y salir al paso cuando veo que faltan hoy los 2 compis a quienes les tocaba recreo. Y antes de que me avisen, salgo yo a estar allí en el patio con los peques.

“Tú eres mi Bien” cuando saludo y sonrío afablemente a esa compi a quien le cuesta sonreírme.

“Tú eres mi Bien” cuando veo que estudiar y leer, (para poder ayudar mejor a los niños y a las familias), es un modo de hacer el Bien a otros.

            “Tú eres mi Bien” cuando hoy sin tardar he escrito a una persona para ayudar a su hija para decirla cómo ha de hacer en la oposición de maestros o los trámites a seguir….

 

2.-         HOLA PACO : COMO SIEMPRE, TE AGRADEZCO INMENSAMENTE TU CORREO CON LA PALABRA DE VIDA Y LAS EXPERIENCIAS... QUE ME AYUDAN MUCHO... ME ALEGRO DE QUE DISFRUTÁRAIS LA FAMILIA Y, DESDE ESE ACTUAR TAN FRATERNAL...UNA ALEGRÍA QUE CADA UNO PIENSE EN LOS DEMÁS...

PENSABA ESCRIBIRTE PARA  DARTE LA NOTICIA DE QUE, AL MENOS POR EL PRÓXIMO AÑO, A PARTIR DE SEPTIEMBRE (MIDIENDO POR CURSOS), ME TRASLADAN A MADRID.

EN UNO DE MIS ESCRITOS TE HABLABA DE ALGO QUE ME HACÍA SUFRIR Y TE PEDÍA ORACIONES...: PUES LA SOLUCIÓN CON ESO HA LLEGADO…

            LAS PALABRAS DEL SALMO QUE COMENTA LA PALABRA DE VIDA LAS REPITO MUCHAS VECES...: VAN MUY DENTRO Y QUIERO QUE SIGAN SIENDO UN GRAN EMPUJE EN MI VIVIR DÍA A DÍA.

REZA, POR FAVOR, PARA QUE SEPA VIVIR BIEN ESTA NUEVA VOLUNTAD DE DIOS... ME FÍO DE QUE ÉL SIEMPRE QUIERE LO MEJOR Y ME ABANDONO EN SUS MANOS. FELIZ MES DEL SAGRADO CORAZÓN. SIEMPRE RECUERDO EL GRAN AMOR QUE MI MADRE LE TENÍA Y QUIERO IMITARLA.

 

 

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NUESTRO ÚNICO BIEN

Ofrezco estos textos que nos ayuden a profundizar y retomar con más intensidad la Palabra de Vida de este mes de junio: («Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti», Sal 16, 2).

 


 

NUESTRO ÚNICO BIEN

 …también verificando, durante el día, por medio de alguna brevísima oración, si nuestro corazón está realmente orientado hacia Él, si es Él el Ideal de nuestra vida; si reina en nosotros, en todo nuestro ser…; si lo ponemos realmente en el primer lugar de nuestro corazón; si lo amamos sinceramente con todo nuestro ser.

Me refiero a esas orientaciones rápidas que la Iglesia aconseja especialmente a los que están en medio del mundo y no tienen tiempo de rezar mucho. Son como flechas de amor que parten de nuestro corazón hacia Dios; como dardos de fuego: las llamadas «jaculatorias», que etimológicamente significan precisamente dardos, flechas. Estas sirven magníficamente para enderezar el corazón hacia Dios.

En la liturgia de la Misa hay un versículo que se puede considerar como una jaculatoria, muy bonito. Dice: «Tú eres, Señor, mi único bien» (cfr. Sal 16, 2).

Trataremos de repetirlo durante el día, sobre todo cuando los apegos de vario tipo quieran arrastrar nuestro corazón detrás de cosas, de personas o de nosotros mismos. Digamos: «Tú eres, Señor, mi único bien», no esa cosa, no esa persona, no yo mismo; «Tú eres mi único bien», ninguna otra cosa. Esto es lo que quiero y vuelvo a elegir ahora: «Tú, mi único bien».

Tratemos de repetirlo cuando la agitación o la prisa nos llevaría a hacer mal la voluntad de Dios del presente: «Tú eres, Señor, mi único bien, por tanto


mi bien es tu voluntad, no lo que yo quiero».

Cuando la curiosidad o las ganas de consolación, nos lleve a querer conocer con anticipación a personas o cosas, «Tú eres, Señor mi único bien, no aquello de lo que mi avidez y mi orgullo querrían saciarme».

Tratemos de repetirlo frecuentemente y así nos sentiremos unidos a Dios y llenos de Él y pondremos y volveremos a poner la base de nuestro verdadero ser, de nuestro testimonio necesario, primer acto de evangelización. De esta manera todo irá bien en la vida, en el sentido justo.

Entonces, cuando hablemos, no diremos sólo palabras, o peor, habladurías, sino que serán dardos sobre las almas para que se abran al amor, para que acojan a Jesús.

Probemos. Descubriremos que esas pocas palabras, («Tú eres, Señor, mi único bien»), han sido una medicina para vuestra alma, un tónico; como diría Santa Catalina de Siena: «Han hecho que nuestra alma sea una lámpara derecha».

«Tú eres, Señor, mi único bien».

CHIARA LUBICH, Nuestro único Bien, en Revista “Ciudad Nueva”, Madrid, mayo 1992, pág. 26-27.

 

 

 

 

ESCUCHAR PROFUNDAMENTE

 Cuando escuchamos al otro por amor, la escucha se convierte en un acto de comunión fraterna. Hacemos un vacío en nosotros que se llena del otro. Él, a su vez nos da todo lo que hay en su corazón en ese momento: angustias y dolores, pero también sus alegrías y logros.

Escuchar profundamente es lo mismo que hacer una comunión de vida.

La escucha implica también una gran actitud de inclusión, de superación de los prejuicios y de aceptación de las diferencias.

Escuchamos profundamente cuando somos capaces de escuchar hasta que termine el otro incluso opiniones contrarias a la nuestra, cuando dejamos que el otro se exprese completamente.

Para hoy nuestro propósito puede ser: “hacerse uno” escuchando profundamente a todos.

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, 8 junio

 

 

 

 

ESCUCHAR HASTA EL FINAL

 Al “hacerse uno”, hay que estar totalmente y durante todo el tiempo desapegado de uno mismo.

De hecho, hay –nosotros lo sabemos– quien, por apego a sí mismo o a alguna otra cosa, no escucha hasta el fondo al hermano, no “muere” del todo en el hermano y quiere dar respuestas que ha ido recogiendo en su cabeza…, que no son sugeridas por el Espíritu Santo, que es el que puede dar la vida o aumentarla en el hermano.

Por otro lado, está el que, amante apasionado de Jesús Abandonado, escucha a su hermano hasta el final, sin preocuparse por la respuesta, que Él le dará al final y resumirá en palabras cortas, o en una, todo lo que necesita esa alma. 

MICHEL VANDELEENE, Yo-el hermano-Dios. En el pensamiento de Chiara Lubich, Ed. Città Nuova

 


martes, 31 de mayo de 2022

LO ÚNICO NECESARIO

 PALABRA DE VIDA                               julio 2022


«Solo una cosa es necesaria»

(Lc 10, 42) 

Jesús va camino de Jerusalén, donde ya está a punto de cumplirse su misión, y se detiene en un pueblo, en casa de Marta y María. El evangelista Lucas describe así la acogida que le reservan a Jesús las dos hermanas: Marta, que desempeña el papel tradicional de señora de la casa, «estaba atareada en muchos quehaceres» (Lc 10, 40)[1] propios de la hospitalidad, mientras que María, «sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra» (v. 39). La atención de María se opone a la agitación de Marta; y, en efecto, a sus quejas por haberse quedado sola sirviendo, Jesús replica: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (vv. 41-42)[2]. Este pasaje se sitúa entre la parábola del buen samaritano –tal vez la página más elevada en relación con la caridad hacia el prójimo– y esa otra en la que Jesús enseña a sus discípulos cómo rezar –seguramente la página más elevada en la relación con Dios-Padre–, lo que constituye casi el justo medio entre el amor al hermano y el amor a Dios.

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

Las protagonistas de este pasaje del Evangelio son dos mujeres. El diálogo que se desarrolla entre Jesús y Marta describe su relación de amistad, que le da pie a esta a lamentarse ante su Maestro. Pero ¿cuál es el servicio que Jesús desea? Lo que Él desea es que Marta no se afane, que salga del papel tradicional asignado a las mujeres y se ponga también ella a escuchar su Palabra, como María, que adopta una nueva categoría, la de discípula. A menudo se ha reducido el mensaje de este texto a una contraposición entre la vida activa y la vida contemplativa, casi como dos enfoques religiosos alternativos. Pero tanto Marta como María aman a Jesús y quieren servirle. De hecho el Evangelio no dice que sea más importante orar y escuchar la Palabra que la caridad; lo que hace falta más bien es encontrar el modo de unir estos dos amores indisolublemente. Dos amores –el amor a Dios y el amor al prójimo– que no se contraponen, sino que son complementarios, porque el Amor es uno.

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

Así pues, falta por entender bien qué es lo único necesario. En esto nos puede ayudar el inicio de la frase: «Marta, Marta…» (v. 41). La repetición del nombre, que puede sonar casi como anunciadora de un reproche, en realidad responde a la modalidad propia de la «llamada-vocación». O sea, parece que Jesús llama a Marta a un nuevo modo de relacionarse, a tejer un vínculo que no sea el de una servidora sino el de una amiga que entra en una relación profunda con Él. Escribe Chiara Lubich: «Jesús se valió de esta circunstancia para explicar lo más necesario en la vida del ser humano. […] Escuchar la Palabra de Jesús. Y para Lucas, que escribió este pasaje, escuchar la Palabra significa también vivirla. […] Y esto es lo que tienes que hacer también tú: acoger la Palabra y dejar que obre en ti una transformación. No solo eso, sino permanecer fiel a ella, guardándola en el corazón para que modele tu vida, como la tierra guarda en su seno la semilla para que germine y dé fruto. O sea, dar frutos de vida nueva, efectos de la Palabra»[3].

 

«Solo una cosa es necesaria».

 

¡Cuántas ocasiones tenemos también nosotros de acoger al Maestro en la intimidad de nuestra casa, precisamente como Marta y María, a cuyos pies podemos ponernos a escucharlo como auténticos discípulos! Con frecuencia, la ansiedad, la enfermedad, las obligaciones e incluso las alegrías y satisfacciones nos distraen, en la vorágine de tantas cosas por hacer, y no nos dejan tiempo para detenernos a reconocer al Señor ni para escucharlo.

Esta Palabra es una ocasión excelente para ejercitarnos en elegir la mejor parte, es decir, escuchar su Palabra y así adquirir la libertad interior que nos lleva a actuar en consecuencia en nuestra vida diaria: una acción que es fruto de una relación de amor que da sentido al servicio y a la escucha.

 

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] Lc 10, 40. El verbo perispáomai tiene dos sentidos: puede significar «estar completamente ocupado, estar fuertemente sobrecargado» o bien «estar distraído».

[2] En estos versículos seguimos la Biblia de la CEE en lugar de la Biblia de Jerusalén porque se acerca más a la versión italiana.

[3] C. Lubich, Palabra de vida, julio 1980, en Ead., Palabras de vida/1, Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 181-182.



TU SEÑOR ERES MI BIEN

 PALABRA DE VIDA                      junio 2022

 


«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti» (Sal 16, 2). 

La Palabra de Vida de este mes está sacada del libro de los Salmos, que recoge las oraciones por excelencia, inspiradas por Dios al rey David y a otros orantes para enseñarles cómo dirigirse a Él. En los Salmos todos tenemos nuestro sitio, pues tocan las cuerdas más íntimas del alma, expresan los sentimientos humanos más profundos e intensos: la duda, el dolor, la ira, la angustia, la desesperación, la esperanza, la alabanza, el agradecimiento, la alegría. Por eso los puede pronunciar cualquier hombre y mujer de toda época y cultura y en cualquier momento de la vida.

 

«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti».

 

El salmo 16 era el preferido de muchos autores espirituales. Por ejemplo, santa Teresa de Jesús comentaba: «Quien a Dios tiene nada le falta: solo Dios basta». El padre Antonios Fikri, teólogo de la Iglesia Ortodoxa, señalaba: «Este es el salmo de la resurrección, por eso la Iglesia lo reza en las primeras horas […], ya que Jesús resucitó al alba. Este salmo nos da esperanza en nuestra herencia eterna, y por eso lo encontramos bajo el título de “dorado”: quiere decir que es una palabra de oro, una joya de la Sagrada Escritura».

Hagamos la prueba de repetirlo pensando en cada palabra:

 

«Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de Ti».

 

Esta oración nos envuelve, sentimos que la presencia activa y amorosa de Dios comprende todo nuestro ser y el de la creación, percibimos que Él recoge nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro. En Él encontramos la fuerza para afrontar con confianza los sufrimientos que nos asaltan por el camino y la serenidad para elevar la mirada, más allá de las sombras de la vida, a la esperanza.

Entonces, ¿cómo podremos vivir la Palabra de Vida de este mes? Esta es la experiencia de C. D.: «Hace algún tiempo empecé a sentirme mal, por lo que me sometí a una serie de pruebas médicas que requerían largos tiempos de espera. Al final, cuando me enteré de lo que tenía, la enfermedad de Parkinson, ¡fue un duro golpe! Tenía 58 años, ¿cómo era posible? Me preguntaba: ¿por qué? ¡Soy profesor de Ciencias Motoras y Deportivas, la actividad física es parte de mí! Me parecía perder algo demasiado importante. Pero volví a pensar en la elección que había hecho cuando era joven: “Tú, Jesús abandonado, eres mi único Bien”. Gracias a los fármacos, pronto empecé a sentirme mucho mejor, pero no sé exactamente lo que me sucederá. He decidido vivir el momento presente. Tras el diagnóstico se me ocurrió escribir una canción, cantarle a Dios mi sí: ¡el alma se llena de paz!».

La frase de este salmo también había tenido una resonancia especial en el alma de Chiara Lubich, que escribió: «Estas sencillas palabras nos ayudarán a tener confianza en Él, nos entrenarán a convivir con el Amor, y así, estando cada vez más unidos a Dios y llenos de Él, pondremos una y otra vez las bases de nuestro verdadero ser, hecho a su imagen»[1].

Unámonos, pues, en este mes de junio, para elevar a Dios esta «declaración de amor» a Él e irradiar paz y serenidad en nuestro entorno.

 

LETIZIA MAGRI

 

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida, junio de 2001: Ciudad Nueva n. 378 (7/2001), p. 25.


domingo, 1 de mayo de 2022

MANDAMIENTO NUEVO


PALABRA DE VIDA                     mayo 2022

 


«Os doy un mandamiento nuevo:

que os améis los unos a los otros»

(Jn 13, 34)

 

Estamos en el momento de la última cena. Jesús, sentado a la mesa con sus discípulos, acaba de lavarles los pies. Dentro de unas horas será arrestado, condenado a muerte y crucificado. Cuando el tiempo se acorta y la meta se acerca, se dicen las cosas más importantes: el «testamento».

En este contexto, en lugar de la institución de la Eucaristía, el Evangelio de Juan relata el lavatorio de los pies. Y a la luz de este hay que entender el mandamiento nuevo. Jesús actúa primero y enseña después, y por eso su palabra es autorizada.

El mandamiento de amar al prójimo ya estaba presente en el Antiguo Testamento: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lv 19, 18). Pero Jesús ilumina un aspecto nuevo de este, la reciprocidad: es el amor mutuo lo que crea y distingue a la comunidad de sus discípulos.

Este tiene su raíz en la misma vida divina, en la dinámica trinitaria que el ser humano está habilitado a compartir gracias al Hijo. Lo ejemplifica Chiara Lubich con una imagen que nos puede iluminar: «Jesús, cuando vino a la tierra, no vino de la nada, como cada uno de nosotros, sino que vino del Cielo. E igual que un emigrante, cuando va a aun país lejano, se adapta al nuevo entorno pero lleva consigo sus usos y costumbres y sigue hablando su lengua, también Jesús se adaptó en la tierra a la vida de los hombres, pero, por ser Dios, trajo el modo de vivir del Cielo, de la Trinidad, que es amor, amor recíproco»[1].

 

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros».

 

Aquí entramos en el núcleo del mensaje de Jesús, que nos lleva a la lozanía de las primeras comunidades cristianas y que a día de hoy puede seguir siendo el distintivo de todos nuestros grupos y asociaciones. En un ambiente en que la reciprocidad es una realidad viva, experimentamos el sentido de nuestra existencia, encontramos la fuerza para seguir adelante en los momentos de dolor y de sufrimiento, nos sentimos sostenidos en las inevitables dificultades y saboreamos la alegría.

Cada día nos enfrentamos a muchos desafíos: la pandemia, la polarización, la pobreza, los conflictos. Imaginemos por un instante lo que sucedería si consiguiésemos poner en práctica esta Palabra en el día a día: nos encontraríamos ante nuevas perspectivas, se abriría ante nuestros ojos el proyecto de la humanidad, motivo de esperanza. Pero ¿quién nos impide reavivar esta Vida en nosotros y reactivar a nuestro alrededor relaciones de fraternidad que se extiendan hasta llenar el mundo?

 

«Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros».

 

Marta es una joven voluntaria que ayuda a las personas detenidas a preparar los exámenes universitarios. «La primera vez que entré en la cárcel me encontré con personas llenas de miedos y fragilidades. Intenté entablar una relación ante todo profesional y luego de amistad, basada en el respeto y la escucha. Pronto comprendí que no era yo la única que ayudaba a los presos, sino que también ellos me sostenían a mí. Una vez, mientras ayudaba a un estudiante para un examen, perdí a una persona de mi familia, y a él le confirmaron la condena en el tribunal de apelación. Los dos estábamos en muy malas condiciones. Durante la clase me daba cuenta de que él incubaba un gran dolor, que fue capaz de contarme. Llevar juntos el peso de aquel dolor nos ayudó a seguir adelante. Al final del examen vino a darme las gracias, y me dijo que sin mí no lo habría conseguido. Por un lado yo había perdido a alguien de mi familia, pero por otro lado sentía que había salvado una vida. Comprendí que la reciprocidad permite crear relaciones verdaderas, de amistad y de respeto».

 

LETIZIA MAGRI

 



[1] C. Lubich, María, transparencia de Dios, Ciudad Nueva, Madrid 2003, pp. 83-84.

sábado, 30 de abril de 2022

TESTIMONIAR CON LA VIDA

 VIDA DE LA PALABRA                        últimas semanas de ABRIL

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15) y la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12):

1.-        Estas semanas en la parroquia ha habido que escribir varias cartas o correos electrónicos y me parecía más bonito, (para que fuera auténticamente “id… y proclamad…”, pues Jesús no decía “ve… y proclama…”), que no fuera sólo algo mío, sino de los dos sacerdotes que conformamos el equipo parroquial. Incluso alguna de esas cosas requería algo de urgencia y me venía la tentación de simplemente firmar yo y enviar rápido, pero calmaba mi impaciencia y esperaba a que nos viéramos (o le enviaba por correo el texto), para que él considerara si añadir, quitar o corregir algo. Ya decía S. Agustín: “más vale lo menos perfecto en unidad, que lo más perfecto cada uno por su cuenta”. Así, la “perfección” de urgencia o rapidez, quedaba superada y mejorada por la unidad, que hace posible el “donde dos o más… allí estoy Yo...”.

 

2.-        El Jueves Santo tarde-noche y el Viernes Santo por la mañana estuve varias horas ante Jesús sacramentado en el Monumento de nuestra parroquia. “Gotita a gotita” fue pasando bastante gente a estar con Él su buen ratito cada uno.

            Me di cuenta que a algunas personas yo no las conocía, y entonces como que noté en el corazón “id… y proclamad…” y, aunque me costaba “dejar” a Jesús-Eucaristía en unos momentos como esos álgidos de Semana Santa, salía yo un instante de la iglesia para saludar y conocer a esas personas, (¡para “ver” a Jesús en ellos y ser yo tangibilidad de “Su” acogida!).

Fueron encuentros bonitos: la mayoría eran matrimonios o familias enteras. La mayoría estaban cumpliendo la tradición de ir visitando a Jesús entre los oficios de Jueves y Viernes Santo en 7 monumentos distintos. Como por aquí no hay muchas iglesias relativamente cerca, les sugerí, por si no lo conocían (y así era), el Monumento en la capillita del Centro Mariápolis “Luminosa”, (que, además, cae dentro del término de nuestra parroquia). Muchos me agradecieron, tanto mi saludo como esa recomendación de un sitio cercano, (y me consta que luego fueron y les gustó mucho por su sencillez y austeridad, y por el ambiente joven que allí bullía esos días).

 

3.-        A una persona le ha gustado mucho la peli “La cabaña”, (¡¡os la recomiendo vivamente a todos!!), incluso la vuelve a ver de vez en cuando y siempre saca algo nuevo.

Basada en algo de esa película, (por cierto, yo tenía la peli, pero con el traslado no sé dónde quedó, para verla de nuevo o prestarla), estas últimas semanas de vez en cuando me manda este mensaje: “¿hoy (o esta tarde) no hay papi (papá)?”. Se refiere a un diálogo tú a Tú con Dios Padre que tiene entrañas de madre, Dios-Amor. Me viene genial ese recordatorio para sacar un rato extra de oración: le pongo un emoticono de manos juntas en cuando puedo contestarle, y así hacemos un rato de oración silenciosa unidos en la distancia.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de abril («Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación», Mc 16, 15), la de marzo («Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden», Mt 6, 12) y la de febrero («Al que venga a Mí no lo echaré fuera», Jn 6, 37):

1.-        quería compartir contigo algo tan sencillo de cómo Dios nos sorprende en cosas pequeñas.

Solo puedo oír la Misa de la TV. Después de la Misa hay unos minutos de oración con Jesús-Eucaristía, que siempre agradezco. El día anterior, al ir a comprar al súper, encontré una oferta de bombillas de la larga duración al 70%  de su precio ¡y de marca!

Al día siguiente, antes de comenzar la Misa, me asaltaba la ansiedad de ir a comprar las bombillas: dejar la Misa y la oración con Jesús, y así no perder la oferta, pues si me retrasaba podían agotarse las existencias. Después de un rato de luchar con esta idea, era mejor estar con Jesús y el rato de oración. Lo dejé en las manos de Dios.

Fui cuando todo terminó y, con lo que tardo, ya muy tarde, haciéndome a la idea de no encontrar nada. Al llegar fui inmediatamente al lugar. Cuál fue mi sorpresa que las habían rebajado aún más. Cuando pasé a pagarlas, me dicen que era un error: “salen más caras, pero como tienen ese precio, se las dejo así”.

Me parecía un regalo de Dios. Y solo me salía darle gracias y gracias. Yo le había puesto a ÉL primero, y Él me hacía un regalo.

 

2.-        el Jueves Santo por la mañana alcancé a ver el final de la película "Saulo camino a Damasco". Me quedé pensando en la pregunta: " Saulo, Saulo ¿por qué me persigues?

         Hablando con Jesús le decía: “yo, Señor, no te persigo como Saulo, pero... ¿te sigo como hizo él después? ¿Con esa intensidad y pasión?”. No llegué a responder la pregunta pues empecé a encontrarme mal, con fiebre, tos, frío.... 

No tenía ganas de pensar, leer, escuchar...

Hoy retomo de nuevo la lectura y otra frase me llama la atención: “¿no ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las escrituras?”. Pienso en ello y me doy cuenta de que así me siento yo cuando leo la Palabra de Dios: en verdad mi corazón se siente tocado con la lectura, y a veces sí que noto que donde sentía brasas de nuevo vuelve a arder la luz, la esperanza, la fe y la ilusión.

 

 

 

 

 

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