viernes, 16 de julio de 2021

FE EN DIOS CON NOSOTROS

 A mitad de julio estos textos nos ayudarán a no darnos vacación en vivir con sencillez e intensidad la Palabra del mes («ánimo, tu fe te ha salvado»):

 

 

SER MISERICORDIOSO

 

Debemos reconocer nuestra fragilidad y al mismo tiempo creer que somos capaces de cambiar; debemos confesar nuestros pecados sabiendo que Dios es misericordia infinita. Si Él no nos condena, no nos condenemos a nosotros mismos, porque el amor cubre un cúmulo de pecados.

No condenemos al otro por su debilidad, porque es en la debilidad donde Dios revela su fuerza.

El tiempo que pasas en culparte y culpar a los demás, te hace perder la oportunidad de recomenzar juntos.

Perdono al otro porque sé perdonarme a mí mismo. Me perdono porque creo en el amor misericordioso de Dios.

Vale la pena vivir por este amor, amándonos y perdonándonos mutuamente.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 16 de julio

 

 

 

 

 

FE EN LA PALABRA: FUENTE DE VIDA

 

[...]  " sólo Dios es la fuente de la vida y, por lo tanto, de la plena comunión, paz y alegría. Cuanto más bebamos de esta fuente, cuanto más vivamos en esa agua viva que es su Palabra, más nos acercaremos unos a otros y viviremos como hermanos y hermanas. Entonces se hará realidad, como continúa el Salmo: "Cuando nos iluminas, vivimos en luz", esa luz que la humanidad espera. [...]

 

CHIARA LUBICH, Palabra de Vida de enero de 2002

 

 

 

 

 

AGRADECER A DIOS

POR HACERNOS ENTRAR EN SU COMUNIÓN DE AMOR.

 

Cuando empezamos a amar con un amor puro, sin intereses, entramos en una comunión intensa y cercana con todas las personas que viven esta dimensión de amor, y sobre todo, entramos en comunión con Dios.

El amor es la única virtud que permanece hasta la eternidad, cuando entramos en una comunión eterna de amor con Dios y con todos.

Esta comunión no se explica con palabras y no se entiende con la razón. Es necesario entrar en ella a través de la práctica del amor. No hay otra forma, ya que ella trasciende todo conocimiento humano.

Sin embargo, deja en nuestro corazón una certeza: vale la pena amar. Vale la pena entrar en comunión de amor con Dios a través del amor al prójimo.

Igino Giordani, cofundador de los Focolares, decía que con el trinomio “Yo–el hermano–Dios” se explica la espiritualidad de la unidad, que se refleja en la relación trinitaria entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 14 de julio

 

 

 

 

 

CONFIAR EN DIOS, ALIGERA LAS DIFICULTADES

 

Como los padres hacen suyos los problemas de los hijos; como se vive todo en familia, y la vida se convierte así en una sabia lección; sería "una herejía" separar a Dios de nuestros problemas. Somos sus hijos. Solos nunca: en Familia.

 

P. MANUEL MORALES, o.s.a., Comentario al Pasapalabra diario, del 15 de julio

 

 

 

 

 

 

 

“PORQUE MI YUGO ES LLEVADERO Y MI CARGA LIGERA”

 

Cada vez que nos lamentamos de una dificultad, esta se vuelve más pesada, porque nuestra atención se centra en el problema y no en la solución.

Muchas veces la solución es tener la humildad de pedir ayuda o simplemente tener calma y docilidad para no perder la lucidez.

En todo caso, salir de uno mismo para amar al otro es una fuente de luz que no solo nos ayuda a comprender y aceptar nuestros problemas, sino que muchas veces los hace tan pequeños frente a las dificultades del hermano, que se vuelven insignificantes.

Debemos poner de nuestra parte, arremangarnos y amar concretamente con humildad y mansedumbre, entregándonos completamente a la Divina Providencia.

En Dios encontramos descanso y consuelo. El problema no siempre desaparece, pero la confianza en Dios aliviana cualquier dificultad.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 15 de julio

 

 

 

jueves, 15 de julio de 2021

NO TEMAS: BASTA QUE TENGAS FE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22) y la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21):

 


1.-        Ayer por la tarde tuve una oportunidad bonita de acompañar más de dos horas a un buen amigo en el hospital el rato que su familia no podía estar con él, (aparte de haberlo visitado también un ratillo por la mañana en el recorrido habitual de habitaciones).

Por un lado sentí la confianza de la familia, por otro el regalo que Dios me hacía para intercambiar tanto cariño que él y su mujer siempre tan desinteresadamente me han dispensado (entre otras muchas cosas, solo por señalar algunos gestos, me han prestado su coche unos días en varias ocasiones, he dormido en ocasiones en su casa y luego bien temprano me han llevado a deshora al aeropuerto, fueron desde muy lejos al entierro de mi padre…).

         A su familia yo les había dicho que podía estar yo poco más de una hora y me habían comentado que, aunque luego se quedara solo un rato, no pasaría nada. Pero, viendo yo que no llegaban ellos, preferí seguir con él y traté de solventar, (“tu fe te ha salvado…”), por teléfono las cosas que tenía yo. Hubo un momento en el que se empezaba él a poner nervioso (menos mal que me quedé) y como casi ni se le entiende, le propuse rezar juntos el rosario y se serenó y me fue respondiendo claramente a todas las oraciones.

 

2.-        Estas dos semanas he tenido varias situaciones, (junto con la que conté en la experiencia hace quince días), que no sabía yo bien cómo resolver o hacia dónde orientar.

La PdV dice «ánimo, hija, tu fe te ha salvado» y, unos versículos después, algo que me ha ayudado a mantener la paz y seguir confiando: «no temas, basta que tengas fe». Era como si Él me repitiera, (casi como si lo oyera), en muchísimos momentos eso, cada vez que me venía a la mente una de esas situaciones o cuando me notaba sensación de ahogo. Como si Él me dijese: “yo haré las cosas, de modo distinto al que tú pides o piensas, y no en el momento que prefieres tú, pero lo iré realizando ¡y mejor que tú!”. Me daba paz y seguridad, incluso para dormir cuando había que dormir.

 

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de julio («Ánimo, hija, tu fe te ha salvado», Mt 9, 22), la de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21) y la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16):

 

1.-        me alegro mucho de recibir tus correos y aprender las PdV para poder llevarlas a cabo. En cierto modo son formas de vernos a nosotros mismos cómo nos comportamos en el pasado y cómo hemos de hacerlo verdaderamente. 

Mi salud está bien, me recupero lentamente de los días pasados en el hospital. En breve, me han de hacer algunas pruebas esta semana, comenzaré el tratamiento de quimioterapia… Para mí ha sido todo un shock del que voy saliendo y asimilando la nueva situación. No faltan personas, familiares y amigos que me den ánimos. Sin embargo, lo positivo de esto es que nos hará más fuertes y mejores, (si por desgracia no a mí), a las personas de mi entorno. Sin embargo, me entristece el hecho de pensar que tal vez no pueda volver a la enseñanza. Ahora más que nunca, hay que hablar a los más jóvenes y adolescentes del espíritu humanista y religioso, que empieza a desaparecer en muchos centros de enseñanza, y volver a retomar el camino que algún día se abandonó. Hay tanto que hacer..... 

Mantengo en mi mente cuando todo acabe, el pertenecer a un grupo o hermandad religiosa, como te dije, así como el devolver la ayuda que estoy recibiendo a otras personas de alguna manera cuando me recupere, pues después de la quimio me someterán a una nueva operación... Antes de recibir la quimio espero escaparme una tarde a Toledo y rezar, es algo que en cierto modo necesito, creo que tal vez Dios me lo indica. Nunca fui muy practicante, pero siempre creyente y con fe, recibida de mis padres desde pequeño, y fue hace unos 15 años cuando sentí la necesidad de rezar en la iglesia, y Toledo, ciudad de mi juventud, me invitaba a ello.

         Gracias por tu apoyo en estos momentos de dificultad y salud mermada.

 

2.-        tal como decías, un poco convulso, como el tiempo, que ha caído pedrisco y ha dejado las cepas medio mondadas. Pero gracias a Dios, aún quedan algunas uvas para hacer vino con menos de la mitad de pámpana. Aprieta, pero no ahoga. Eso sí, un riego excelente, que todo hay que decirlo.

Sigo haciendo rezos en maitines, con el sol levantándose mientras quito cardos a las cepas, con la compañía de los pájaros y el viento…

Llevo una vida tipo san José, trabajar, comer y dormir. Así que pienso que me he acostumbrado a ser poco sociable. Me dedico a mi mujer y a mis hijos y a una vida con pocos lujos. Veo a mi alrededor cómo la gente se divorcia y no valora lo que tiene, siempre queriendo cambiar, pensando que lo de los demás es mejor, siempre queriendo más.

Tal vez debo empezar a ser más sociable, hablar más con los demás: será mi meta de aquí a fin de año. Espero que estés bien y gracias por las palabras de vida.

 

3.-        Muchas gracias, Paco, por la Palabra de Vida que me has enviado. La fe mueve montañas y no hay que perderla. 

Hay momentos en la vida que te preguntas cosas que ves que no tienen respuesta. Yo reconozco que a la muerte de mi madre cuando tenía 19 años, que era tan creyente, perdí la fe porque no lo entendía. Incluso pensé en la reencarnación de mi madre. Después pasó el tiempo y comprendí que quizás Dios le evitó más sufrimiento en esta vida terrenal, aunque a los que nos quedamos nos llenó de sufrimiento y tuvimos que aprender a vivir otra vida muy diferente.

 

4.-        como siempre mil gracias x la Palabra y las experiencias de Vida!! Aunque ya había leído la Palabra, hoy me he parado a leer las experiencias... Agradezco x lo que cuentas sobre tomar una determinada decisión y como me encuentro en una situación parecida y no sé por dónde tirar, si te parece le confiamos al Espíritu Santo que nos dé una poquita de su luz para entender un poco mejor.

 

 

 

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jueves, 1 de julio de 2021

FE EN JESÚS

 PALABRA DE VIDA                                     JULIO 2021

 


«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado»

(Mt 9, 22)

 

Jesús va caminando, rodeado por la muchedumbre: un padre desesperado le ha rogado que vaya a socorrer a su hija, que está muriendo. Mientras va de camino, sucede otro encuentro: entre la gente se abre paso una mujer que sufre pérdidas de sangre desde hace muchos años; una condición física de graves consecuencias, pues la obliga a limitar los contactos familiares y sociales. La mujer no llama a Jesús, no habla; se acerca por detrás y se atreve a tocar la orla de su manto. Tiene una idea muy clara: «Con solo tocar su manto, quedaré sanada de este sufrimiento que me atormenta».

Y entonces Jesús se vuelve, la mira y la tranquiliza: su fe le ha obtenido la salvación. No solo la salud física, sino el encuentro con el amor de Dios a través de la mirada de Jesús.

 

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado».

 

Este episodio del Evangelio de Mateo nos abre también a nosotros una perspectiva inesperada: Dios está siempre en camino hacia nosotros, pero espera también nuestra iniciativa para no faltar a la cita con Él; nuestro camino de fe, aunque accidentado y marcado por errores, debilidades y desilusiones, tiene un gran valor. Él es el Señor de la Vida verdadera y la quiere derramar sobre todos nosotros, hijos e hijas suyos, depositarios a sus ojos de una dignidad que ninguna circunstancia puede suprimir. Por eso, hoy Jesús nos dice también a nosotros:

 

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado».

 

Puede ayudarnos a vivir esta Palabra lo que Chiara Lubich escribió meditando precisamente sobre este pasaje evangélico: «Por su fe, el hombre demuestra claramente que no se fía de sí mismo sino que se abandona en Alguien más fuerte que él. […] Jesús llama “hija” a la mujer curada para ponerle de manifiesto lo que en verdad desea darle: no solo un don para su cuerpo, sino la vida divina que la puede renovar enteramente. Pues Jesús obra milagros para que sea acogida la salvación que Él trae, el perdón, ese don del Padre que es Él mismo y que, al comunicarse al hombre, lo transforma. […] ¿Cómo vivir, pues, esta Palabra? Manifestándole a Dios toda nuestra confianza en las necesidades graves. Esta actitud, claro está, no nos descarga de nuestras responsabilidades, no nos dispensa de hacer toda nuestra parte […] sino que puede poner a prueba nuestra fe. Lo vemos precisamente en esta mujer que sufre y sabe superar el obstáculo de la muchedumbre que se interpone entre ella y el Maestro. […] Así pues, debemos tener fe, pero una fe que no duda ante la prueba. Aún más: tenemos que demostrarle a Jesús que hemos comprendido el inmenso don que Él nos ha traído, el don de la vida divina. Y estarle agradecidos. Y corresponder»[1].

 

«Ánimo, hija, tu fe te ha salvado».

 

Esta certeza, además, nos permite llevar la salvación, «tocar» con delicadeza a quien sufre, al necesitado, al que pasa por la oscuridad, por el desconcierto.

Así le pasó a una madre de Venezuela que encontró el ánimo para perdonar: «Buscando ayuda a la desesperada, participé en un encuentro sobre el Evangelio en el que oí comentar las frases de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9) y “Amad a vuestros enemigos” (Lc 6, 35). ¿Cómo podía yo perdonar al que había matado a mi hijo? Pero en mí había entrado una semilla y finalmente prevaleció la decisión de perdonar.  Ahora puedo llamarme verdaderamente «hija de Dios». Recientemente me llamaron para un careo con el que había matado a mi hijo, que había sido detenido. Fue duro, pero intervino la gracia. En el corazón no tenía odio ni rencor, sino solo una gran piedad y la intención de encomendarlo a la misericordia».

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, Palabra de vida de julio de 1997: Ciudad Nueva 334 (1997/7), p. 29.




miércoles, 30 de junio de 2021

PROBAR LA FE A TRAVES DE LAS OBRAS

VIDA DE LA PALABRA               últimas semanas de JUNIO 


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21) y la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16):

 

1.-        Muchas han sido las pequeñas oportunidades de vivir la Voluntad de Dios en el momento presente, (que luego me han llenado serenamente en mi interior): muchas veces no dejar para luego fregar los platos, varias ocasiones posponer mi rato de oración en el templo ante alguien que pide algo del despacho parroquial aunque no es horario de ello, a menudo pararme como si no tuviera prisa con quien tiene necesidad de contar algo, realizar algún pequeño servicio que a otros les costaba, etc.

         También me ha ayudado a estar más atento una sencilla corrección fraterna: “últimamente no ‘saltas’ el primero a buscar lo que falta en la mesa”.

         Sin embargo, hay una cuestión más importante en la que llevo buena parte del mes (¡el adecuado por la PdV!) dándole vueltas y no acabo de ver la luz para al menos ofrecer mi discernimiento entre tres opciones ante quien tendrá la última palabra: de cada una de ellas dependen muchas cosas y también cada una deja al descubierto un flanco. No paro de rezar (y de pedir oraciones): “danos luz para descubrir tu Voluntad y la fuerza necesaria para cumplirla” hasta el fondo. “No se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres Tú”. Lo único que pretendo: hacer en todo la Voluntad de Dios, siempre y solo para Gloria Suya. Pero seguramente no vendrá un angelito directamente a decírmelo… y tendré no solo que “mojarme”, sino “empaparme”.

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21), la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16) y la de abril («Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas», Jn 10, 11):

 

1.-        ahora estoy trabajando en la residencia. Hice un curso por si finalmente nosotros llegamos a abrir la nuestra y estoy haciendo allí las prácticas y la verdad que estoy súper súper a gusto... Tengo que estar un mes y ya me queda poquito... No te puedes imaginar el cariño que les he cogido a los residentes y ellos a mí...: un simple gesto de cariño o el cogerlos de la mano… lo agradecen eternamente (algunos están muy solitos). Mira, hay un hombre que en esta pandemia perdió a su mujer y a su hijo en un accidente de coche, y todas las noches, cuando voy a acostarlo, me dice que no lo deje solo y me da las gracias por lo que hago por él... Hay noches, Paco, que me vengo con una lagrimilla en los ojos de escuchar sus historias y no poder hacer… Pero bueno, estoy súper a gusto con ellos. Ahora sólo nos falta un permiso de Fomento y empezaríamos las obras para nuestra residencia, que estoy deseando... Si algún día… tienes que venir.

 

2.-        muchas gracias por la Palabra. Siempre me da ilusión leerla y agradezco de corazón que la compartas conmigo...

…un par de cosas que me dejan pensando, (tengo la certeza que cada Palabra que llega tiene un fin y un sentido y a veces me impresiona cómo se adapta a las vivencias en ese momento):

es en los momentos más difíciles cuando el anuncio del amor de Dios por nosotros convence.  

He visto en las últimas semanas situaciones bastantes complicadas en conocidos, donde el dolor y la pena son tan fuertes que les es difícil mantenerse serenos. He intentado hablar con ellos, animarlos y decirles que tengan fe, que los designios de Dios no siempre podemos entenderlos, pero no por eso dejan de ser perfectos. Pero al ver en sus ojos tanto dolor, comprendo lo difícil que resulta mantenerse en pie. Y es algo que me deja pensando.

Era necesario abandonar el pasado a la misericordia de Dios, ya que no lo poseíamos; y el futuro lo viviríamos plenamente cuando se hiciera presente. Sólo el presente estaba en nuestras manos. Para que Dios reinase en nuestra vida, tendríamos que concentrar en el presente, la mente, el corazón, las fuerzas, haciendo su voluntad.

  Personalmente, qué difícil resulta no agobiarse con el futuro, creo que me quedo con esa frase y es algo en lo que debo trabajar.

 

3.-        la palabra de vida de este mes… me viene al pelo para vivirla (aunque tiene varias… partes) porque te hace profundizar esa intimidad con el Señor, así como las lecturas de hoy, te hacen rezar a cámara lenta el Padrenuestro, deteniéndose uno casi nada más empezar: Padre…, Abbá…, Papá. Esta mañana, al hacerlo, me sorprendí a mí misma llorando, pero no era pena, ¡no! Eran lágrimas… que no sabría identificar el porqué, pero era feliz… Digo: “¡madre mía, como entre alguien en la oficina y me vea llorando!!

En fin, me dejé llevar por el Espíritu y así mi alma voló con la Santísima Trinidad y descansé en el Señor!! El Señor, como es así de bueno, te hace ver todo aquello que te preocupa y te pesa sin que tú seas consciente de ello y te siembra la necesidad de ir a contárselo (en la confesión o en un rato de adoración) para que Él así lo tome sobre sus hombros y te libere. Ya ves, el Señor cumple sus palabras y su lealtad dura por siempre: “estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo…”

A mí me pasa que debido a lo que me exijo en el trabajo diario, tengo luego que obligarme a veces a tumbarme aunque mi mente diga que es tiempo perdido.

 

4.-        he sonreído cuando has comentado la impresión que tuvo tu madre cuando vio al matrimonio de tus feligreses colocando el mantel del altar de tu parroquia.

Me ha hecho recordar que a mí también me pasó lo mismo: …a la Misa suelo ir mucho antes, dado que allí es complicado aparcar. Aprovecho ese rato en la Iglesia para rezar, leer, pensar... Excepto un día que… al poco llegó ese matrimonio a colocar el mantel y… tan primorosamente lo colocaban, con tanto cuidado y detalle, que no podía quitar la vista de ellos. Me tenían ensimismada. 

Jamás he visto a nadie colocar con tanto cariño un mantel: lo miraban, lo remiraban; desde un lado, desde otro, pero lo que más me sorprendió es que en un determinado momento, él ¡sacó una plancha! y ahí que se pusieron a quitar alguna arruguita que había. Casi una hora que tardaron en ponerlo todo: yo estaba alucinada, a la par que agradecida, por haber participado de ese momento. Si hubiera llegado justa a la hora de Misa, me lo hubiese perdido y la verdad es que me hizo pensar y mucho: todo lo que tenemos que agradecer a tantas personas que trabajan como ellos, en silencio, sin que se les vea, poniendo todo su cariño en algo que igual después nadie aprecia ni valora. Todo un ejemplo, de esos de “los santos de al lado” que dice el Papa.

 

 

 

 

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martes, 15 de junio de 2021

HACER LA VOLUNTAD DE DIOS PARA AMARLO

            Estos textos (y las experiencias) nos ayudarán a renovarnos en la intensidad de vivir la Palabra de este mes («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial») para sobrellevar con ilusión todo:

 

 


 

ANUNCIAR CON PALABRAS Y OBRAS

EL AMOR QUE DIOS NOS TIENE

 

Podemos anunciar el amor de Dios por nosotros con palabras y acciones, para que los demás crean.

Es fácil creer en el amor de Dios cuando somos agraciados por el éxito de nuestros proyectos. Sin embargo, es mucho más difícil reconocer ese amor cuando sentimos dolor.

Dios no permite nada que no sea para un bien mayor. Y cuando estamos en medio de la oscuridad, si perseveramos en la fe, veremos Su luz aún más intensa.

De hecho, no tiene utilidad encender una vela a la luz del sol, pero cuando está oscuro, su luz nos permite caminar sin tropezar: es en los momentos más difíciles cuando el anuncio del amor de Dios por nosotros convence.

Fue clavado en una cruz como el Amor venció a la muerte y conquistó el mundo. Allí está el testimonio del amor extremo, el amor de un Dios por todos y cada uno.

Para hoy: acciones concretas para que el amor de Dios llegue a todos. Y junto, el anuncio con las palabras como coherencia de vida.

 

APOLONIO CARVALHO NASCIMENTO, Comentario al Pasapalabra diario, del 13 de junio

 

 

 

 

HACER LA VOLUNTAD DE DIOS PARA AMARLO

 

¿Qué actitud tenían que tener para demostrar a Dios que Él era efectivamente el centro de sus vidas? Chiara Lubich y sus primeras compañeras se preguntaban cómo poner en práctica este nuevo ideal de vida: Dios Amor. Enseguida pareció obvio: tenían que amar a Dios. Sus vidas no tendrían ningún sentido si no fueran «una pequeña llama de este infinito fuego: amor que responde al Amor».

Y les parecía un don grande y sublime, tener la posibilidad de amar a Dios, hasta el punto de repetir frecuentemente: «No tenemos que decir: “debemos amar a Dios”, sino: “¡Poder amarte Señor! ¡Poderte amar con este pequeño corazón!”». Recordaban una frase del Evangelio que no dejaba y no deja escapatoria a quien quiere llevar una vida cristiana coherente: «No quien dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino aquél que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos» (Mt 7,21). Hacer la voluntad de Dios, por lo tanto, era la gran posibilidad que todas tenían para amar a Dios. De este modo, Dios y su voluntad coincidían.

Escribía Chiara: «Dios era como el sol. Y a cada uno de nosotros llegaba un rayo de este sol: la divina voluntad sobre mí, sobre mi compañera, sobre la otra. Un único sol, distintos los rayos, pero siempre “rayos de sol”. Único Dios, única voluntad, distinta para cada uno, pero siempre voluntad de Dios. Era necesario caminar por el propio rayo sin apartarse nunca. Y caminar durante el tiempo que poseíamos. No tenía sentido divagar sobre el pasado o fantasear acerca del futuro. Era necesario abandonar el pasado a la misericordia de Dios, ya que no lo poseíamos; y el futuro lo viviríamos plenamente cuando se hiciera presente.

»Sólo el presente estaba en nuestras manos. Para que Dios reinase en nuestra vida, tendríamos que concentrar en el presente, la mente, el corazón, las fuerzas, haciendo su voluntad.

»Lo mismo que un viajero en el tren, no piensa en caminar por el vagón para llegar antes a la meta, sino que se deja llevar sentado; así nuestra alma, para llegar a Dios, tenía que hacer su voluntad, enteramente, en el momento presente, porque el tiempo camina por sí solo. Y no habría sido muy difícil entender lo que Dios quería de nosotros. Él manifestaba su voluntad mediante los superiores, la Sagrada Escritura, los deberes del propio estado, las circunstancias, las inspiraciones… Minuto a minuto y ayudadas por la gracia actual, construiríamos el edificio de nuestra santidad; o mejor aún, haciendo la voluntad de Otro –de Dios mismo– Él se habría edificado a Sí mismo en nosotros.

»Por lo tanto, hacer la voluntad de Dios no significa sólo “resignación”, como a menudo se entiende, sino la más grande divina aventura que le pueda tocar a una persona: la de seguir no la propia y mezquina voluntad, no los propios proyectos limitados, sino seguir a Dios y realizar el designio que Él tiene sobre cada uno de sus hijos; designio divino, sorprendente, riquísimo. Hacer la voluntad de Dios ha sido para nosotros el descubrimiento de un camino de santidad para todos. De hecho, la voluntad de Dios la puede vivir cada uno, en cualquier lugar, situación o vocación en la que se encuentre, puede ser el billete de ingreso de las masas a la santidad. Hacer la voluntad de Dios para amarlo se ha convertido en el segundo punto cardinal de nuestra espiritualidad de la unidad».

 

https://www.focolare.org/ citando a Chiara Lubich



HÁGASE TU VOLUNTAD

 VIDA DE LA PALABRA             primeras semanas JUNIO

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21) y la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16):

 

1.-        Hará un par de semanas me volvió a repetir, (al igual que en el julio de los últimos 2 años), un pequeño episodio de sentirme un poco raro durante 3 ó 4 horas: no acordarme de algunas cosas (los misterios concretos del Rosario, el nombre de algunos de los que tenía delante, las contraseñas que todos los días utilizo…) y tener la sensación de no estar seguro de las que sí me acordaba. Menos mal que la PdV sí la tenía presente: “¡hágase!”. ¡Era la adecuada, además, para esta ocasión! Hágase la voluntad de Dios.

Esta vez el episodio había sido menos intenso, pero la ligera sensación de aturdimiento duraba más. Como aquellas veces, de nuevo pregunté a alguien de confianza si me había saltado algo de la Misa o había dicho alguna tontería: todo correcto. Pero era mi sensación incómoda. Por un momento pensé: “ ¿y si esto "se quedase" esta vez?”. Y de nuevo con la PdV, le manifesté al Señor: “como Tú quieras o permitas; soy tuyo y estoy en tus manos, seguro de que siempre será lo mejor”.

            Al igual que el año pasado, me están haciendo todo tipo de pruebas: todo bien hasta ahora. Y, de hecho, pasadas aquellas horas, no he vuelto a notar nada, (lo mismo que los otros años). Me dicen que quizá es un pequeño microinfarto cerebral, (que nos da a todos de vez en cuando, a veces sin percatarnos), y/o que es cansancio acumulado o estrés o ansiedad, unido a los calores, (que, además, este año han venido de repente). La gente afirma que le doy paz, (¡pero quizá a veces “la procesión” se queda por dentro!).

Así que también estoy acogiendo como voluntad de Dios concreta para mí el no sobrecargarme mis propios horarios: descansar y orar y hacer ejercicio también para cumplir la Voluntad de Dios, igual que realizar las distintas tareas, leer o escuchar a todos.

 

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de junio («No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial», Mt 7, 21), la de mayo («Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él», 1 Jn 4, 16) y la de abril («Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas», Jn 10, 11):

 

1.-        “…mil gracias a todos por vuestras oraciones y cercanía. Es una experiencia en la que tendré que pensar muy mucho: a estas horas la semana pasada salía de visitar a mi marido en la UCI. Me dijeron que estaba en una situación muy grave: la malaria a su edad, y con la analítica como la tenía, no me daban muchas esperanzas, por no decir ninguna.

Una semana después ya está de nuevo en casa.

            Muchas emociones y sentimientos que no me ha dado tiempo a digerir. Ahora mismo me siento como anestesiada, estoy agotada….

 

 

2.-        “Paco, quería agradecerte tu correo de experiencias que mandas puntualmente y que son un buen alimento espiritual para mí y otras personas a las que se lo reenvío.

Tengo dificultad para leer la letra pequeña, pero me esfuerzo porque vale la pena participar de tu vida sacerdotal que tienes muy llena de actividades, al revés de lo poco que yo puedo ya hacer sin salir de casa. Pienso que los dos hacemos la voluntad de Dios con alegría, y dolor a veces, poniendo nuestro mosaico en las pequeñas cosas de cada día, y así nos santificamos juntos en la distancia como sacerdotes de Maria.

 

3.-        “leyendo esta Palabra de Vida, me veo reflejada en el "hágase..." porque, aunque lo repetimos cada día en la oración del Padrenuestro, realmente para mí ha alcanzado su pleno significado desde que recibí el Sacramento de la Confirmación, pues desde entonces, mis oraciones diarias terminan con un "Señor, Tú sabes lo que nos conviene: a tus manos encomiendo mi espíritu, hágase tu voluntad", y realmente lo siento así. Gracias por ser nuestro pastor.

 

 

4.-        “de la lectura que me dijiste (Juan 15), me quedé pensando en aquello que dice Jesús: “Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos”. Recordaba tu pregunta: “¿cómo está tu relación con Dios?”. Algo me resultó extraño en la pregunta cuando me la hiciste y, ahora, tras leer a San Juan, he comprendido lo que era.

            Según me la preguntaste, me quedé un poco en blanco y es que me doy cuenta que a Dios como tal no me dirijo casi nunca, tampoco me dirijo al Señor, yo le hablo al Padre, o eso creía.

¿Realmente me dirigía a Él con actitud de hija o más bien con una actitud servil?: ¿era la mía una actitud cercana o más bien era algo distante, más parecida a la actitud del siervo? 

            Le llamaba “Padre”, pero… ¿le trataba como tal? Creo que no, sin embargo últimamente cuando voy a hablarle, sí que le veo y le siento como tal. Siento su cercanía, su amor de Padre y yo siento que mi relación hacia Él ha cambiado, no es una relación solo servicial sino realmente filial: me siento y le quiero como hija y eso lo cambia todo.

 

5.-        “…hace unas semanas, el párroco me pone un WhatsApp: “sábado hay excursión de arte y naturaleza”. El día antes yo le había dicho: “el sábado no vendré a rezar laudes: tengo boda”. Me da pena porque él hace el esfuerzo por si alguien va. Le contesto que tengo boda, pero me gusta ir. Y, a la vez, yo le decía al Señor: “si Tú quieres que vaya, lo arreglarás”. Y ahí se lo dejé.

A los pocos días me cuentan que hay varios que no pueden y se hará una semana después. “¡Qué grande eres, Señor!”.

Hay que llevar el bocata de tortilla: pensé decir a los sacerdotes y a otra que es ciega que si les llevo, pero mi “hombre viejo” estaba dudando. Le pregunté al párroco; me respondió encantado; la ciega también. Faltaba el otro sacerdote, que va siempre: no se había apuntado. Me responde que le van a hacer una biopsia: “si puedo ir, te llamo”. En otra ocasión no se había apuntado, pero le hice y vino bien.

Yo feliz porque puedo ayudar. Luego compartíamos muchas cosas además de comida: hablamos y nos ayudamos, como una familia….

 


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martes, 1 de junio de 2021

VIVIR LA VOLUNTAD DE DIOS

 PALABRA DE VIDA                               junio 2021

 

 

«No todo el que me diga “Señor, Señor”

entrará en el Reino de los Cielos,

sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial»

(Mt 7, 21)

 

Esta frase del Evangelio de Mateo forma parte de la conclusión del gran Discurso de la montaña, en el que Jesús, después de proclamar las bienaventuranzas, invita a quienes lo escuchan a reconocer la cercanía amorosa de Dios e indica cómo actuar en consecuencia: descubrir en la voluntad del Padre la vía directa para alcanzar la plena comunión con Él en su Reino.

 

«No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial».

 

Pero ¿qué es la voluntad de Dios? ¿Cómo podemos conocerla?

Así comparte Chiara Lubich su descubrimiento: «La voluntad de Dios es la voz de Dios, que continuamente nos habla y nos invita; es un hilo, o mejor dicho, una trama de oro divina que teje toda nuestra vida terrena y más allá; es el modo que tiene Dios de expresar su amor, un amor que pide una respuesta para que Él pueda realizar en nuestra vida sus maravillas. La voluntad de Dios es nuestro deber ser, nuestro verdadero ser, nuestra realización plena. […] Repitamos, pues, en cada instante, ante cualquier voluntad de Dios, dolorosa, gozosa o indiferente: “Hágase”. […] Descubriremos que esta simple palabra es un potente impulso, como un trampolín, para hacer con amor, con perfección, con total dedicación lo que tenemos que hacer. […] Y así iremos componiendo, momento a momento, el maravilloso, único e irrepetible mosaico de nuestra vida, que el Señor ha pensado desde siempre para cada uno de nosotros: Él, Dios, de quien solo se dicen cosas bellas, grandes e inmensas, en las que hasta la parte más pequeña, como un acto de amor, tiene sentido y resplandece, igual que las flores minúsculas y variopintas tienen su porqué en la belleza sin límites de la naturaleza»[1].

 

«No todo el que me diga “Señor, Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial».

 

Según el Evangelio de Mateo, la Ley por excelencia del cristiano consiste en la misericordia, que lleva a plenitud toda expresión de culto y de amor al Señor.

Esta Palabra nos ayuda a abrir nuestra relación con Dios, ciertamente personal e íntima, a la dimensión fraterna mediante gestos concretos. Nos empuja a «salir» de nosotros mismos para llevar reconciliación y esperanza a los demás.

Un grupo de jóvenes de Heidelberg (Alemania) nos ofrece este testimonio: «¿Cómo conseguir que nuestros amigos experimenten que la llave de la felicidad se encuentra dándose a los demás? Ese es el punto de partida de nuestra acción, titulada: “Una hora de felicidad”. La idea es muy simple: se trata de hacer feliz a otra persona al menos durante una hora al mes. Comenzamos por quienes nos parecían más necesitados de amor, y en todas partes donde nos hemos ofrecido nos han abierto las puertas de par en par. Y así hemos llevado a varios ancianos en silla de ruedas a pasar el rato al parque, hemos ido al hospital a jugar con los niños ingresados y a hacer deporte con personas discapacitadas. Ellos estaban muy contentos, pero, como promete la acción, ¡nosotros lo estábamos aún más! ¿Y nuestros amigos, a quienes invitamos a participar? Primero se mostraban perplejos, y ahora que han probado lo de dar la felicidad, están de acuerdo con nosotros: ¡das la felicidad e inmediatamente la sientes!».

LETIZIA MAGRI



[1] C. Lubich, conexión telefónica del 27-2-1992: Ead., Santificarse juntos, Ciudad Nueva, Madrid 1994, pp. 110-114.




N.B.: Aquí puedes encontrar también la Palabra de Vida 

En viñetas para los niños, adaptada para adolescentes y para jóvenes,

 y en MP3 para escuchar en el móvil.

 

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