jueves, 31 de diciembre de 2020

¡FELIZ AÑO NUEVO 2020!

 Para empezar bien el Año, no sólo el día 1 (fiesta de Sta. María Madre de Dios y Jornada mundial de oración por la paz), sino todo el mes, un texto del Papa con el cual…

deseo a ti y a los tuyos

que tengáis una muy buena salida y entrada de año

y un próspero 2021

colmado de la bendición del Señor:

En el umbral del Año Nuevo…

a todos les hago llegar mis mejores deseos

para que la humanidad pueda progresar en este año

por el camino de la fraternidad, la justicia y la paz

entre las personas, las comunidades, los pueblos y los Estados.

El año 2020 se caracterizó por la gran crisis sanitaria…

que se ha convertido en un fenómeno multisectorial y mundial,

que agrava las crisis fuertemente interrelacionadas,

como la climática, alimentaria, económica y migratoria,

y causa grandes sufrimientos y penurias.

Estos y otros eventos… nos enseñan la importancia de

hacernos cargo los unos de los otros y también de la creación,

para construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad.

Por eso he elegido como tema de este mensaje:

La cultura del cuidado como camino de paz.

Cultura del cuidado

para erradicar la cultura de la indiferencia, del rechazo y de la confrontación,

que suele prevalecer hoy en día...

En la Biblia, el Libro del Génesis revela, desde el principio,

la importancia del cuidado o de la custodia

en el proyecto de Dios por la humanidad,

poniendo en evidencia la relación

entre el hombre y la tierra, y entre los hermanos

La cultura del cuidado, como compromiso común, solidario y participativo

para proteger y promover la dignidad y el bien de todos,

como una disposición al cuidado, a la atención, a la compasión,

a la reconciliación y a la recuperación, al respeto y a la aceptación mutuos,

es un camino privilegiado para construir la paz...

En este tiempo, en el que la barca de la humanidad,

sacudida por la tempestad de la crisis,

avanza con dificultad en busca de un horizonte más tranquilo y sereno,

el timón de la dignidad de la persona humana

y la “brújula” de los principios sociales fundamentales

pueden permitirnos navegar con un rumbo seguro y común.

Como cristianos, fijemos nuestra mirada en la Virgen María,

Estrella del Mar y Madre de la Esperanza.

Trabajemos todos juntos para avanzar

hacia un nuevo horizonte de amor y paz,

de fraternidad y solidaridad, de apoyo mutuo y acogida.

No cedamos a la tentación de desinteresarnos de los demás,

especialmente de los más débiles;

no nos acostumbremos a desviar la mirada,

sino comprometámonos cada día concretamente

para «formar una comunidad compuesta de hermanos

que se acogen recíprocamente y se preocupan los unos de los otros».

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

para la celebración de la LIV Jornada Mundial de Oración por la Paz 1 enero 2021

LA CULTURA DEL CUIDADO COMO CAMINO DE PAZ






miércoles, 30 de diciembre de 2020

LUZ Y SALVACIÓN = JESÚS

VIDA DE LA PALABRA             últimas semanas DICIEMBRE 


Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?», Sal 27, 1) y la de noviembre 2020 («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5):

1.-        Estas semanas también me ha animado mucho la PdV y repetir en toda circunstancia (ante la incertidumbre de la pandemia, del futuro, de las leyes injustas…) y cada vez con más fe: “El Señor es mi luz y mi salvación…”. Ni la vacuna, ni los políticos, ni… : ¡el Señor solo es mi salvación y el que me da luz!, (aunque Él utiliza para ello también esas otras cosas humanas).

Esa certeza, me ha ayudado también, cuando otras personas me contaban sus situaciones personales y comunitarias (como un laberinto o como un callejón sin salida), llenas de incertidumbre y sufrimiento, a hacer un arranque de confianza y decirles expresamente: «sí, todo eso es verdad, no estamos ciegos, ¡pero no podemos caer en el pesimismo o la dejación porque la PdV nos recuerda que “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”. No hemos de amedrentarnos: estamos en buenas Manos. ¡Eso sí, también tenemos que hacer toda nuestra parte humanamente y, además, rezar más y mejor».

 

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?», Sal 27, 1), la de noviembre 2020 («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5) y la de octubre («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado», Lc 14, 11):

 

1.-        hoy tenía que hablar con la chica que cuida a mi madre una cosa que me ponía muy nerviosa y me producía angustia (porque la comunicación entre nosotras se había deteriorado y había dado lugar a malentendidos). He dicho también "el Señor es mi luz y mi salvación... " y me ha ayudado mucho: a ella le he dicho todo lo que tenía que decir con bastante calma y se han aclarado las cosas.

Gracias porque lo que nos cuentas de tus experiencias, a mí me ayuda un montón.

 

2.-        …no te he contado, pero andamos también mal, desde el 23 de nov. que por un trabajador se contagió una residente y la hermana que la cuidaba, quedando confinadas las más de 50 mujeres y todas las hermanas, menos yo para poder hacer frente: ¡qué sufrimiento de un lado para otro! Unas ya han salido; después surgieron 35 positivos: tres están en el hospital; las hermanas, ya cada una en su sitio, y bien.

Este jueves, por otra trabajadora, me confinaron a todos los hombres de la residencia: a pesar de que todos están dando negativo, tienen que estar en la hab. Un trabajo inmenso, pero lo principal es que lo pasen bien; a ver si salimos de esta.

Como ves, he tenido un adviento de gran oportunidad; y gracias a la PdV siento que ha sido mi sostén y fortaleza: ¡no te imaginas cómo resonaba cada día...! No cabe duda: "el Señor es mi fortaleza”.

Sentía en el fondo paz, al compartir el sufrimientos de tantos desde dentro, y al ofrecerlo cada vez que podía era como estar aliviando a alguien en su pesada carga.

La impotencia y fragilidad se han dejado sentir con fuerza. Esta es mi pobre ofrenda y que Dios mismo ha querido compartir….

 

3.-        espero que toda tu familia también se encuentre con salud. Debemos cuidarnos, porque no está el tema del Covid para bromas.

Respecto a mí, he dejado de trabajar para el Administrador Concursal y ahora estaré unos meses en el paro, espero sea por poco tiempo. Como decía Chiara Lubich "La Palabra de Vida nos guía de las tinieblas a la luz". Ilusionados en casa con la llegada de nuestro Señor.

 

4.-        día de Nochebuena, había pasado un día horrible. No recuerdo Navidad normal desde… Para mí es un tiempo horrible, deseando que pase. Este año con el rollo del COVID me hice ilusiones y pensé que sería más tranquilo. ¡Ay!: no contaba con el trabajo. Suele ser la familia quien da más "guerra", ¿pero el trabajo? Contaba yo con mi tarde del 24 para hacer las cosas, tranquila yo y, de repente, mira tú, ¡que hay que trabajar! ¿Qué? Sí, hay que trabajar por la tarde hasta las siete. Y esto me lo dicen el 23 por la tarde, ya sin posibilidad de reprogramarme nada. Se acabó la paz. Ni daba tiempo a nada, así que… a correr tocan, quítate sueño, siesta y lo que sea. Me puse a la tarea nada más llegar a casa y, claro, el 24 empecé a notar los síntomas del enfado, la impotencia y el no saber aceptar lo que venía: dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas, un desastre.

Para colmo cuando llego mosqueada a casa el 24 por la tarde, mi madre, (98 años), no se encontraba bien. No os cuento el jaleo desde las siete y media hasta que nos sentamos a cenar, un desastre y yo mosqueada. 

Pero... Dios es grande, así que después de todo esto, cuando atravesé la puerta de la iglesia un buen rato antes de la Misa del gallo, de repente todo desapareció. Creo que puedo resumirlo:" El Señor hizo en mí maravillas" y salí con una alegría, paz, y muy muy feliz. Sigo sin poder explicar lo que siento en estos momentos, es como si me inundará una catarata de agua feliz.

Gracias, Señor.

 

 

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sábado, 19 de diciembre de 2020

FELIZ NAVIDAD 2020

 

Queridos hermanos y hermanas:

¡Feliz Navidad!

En el seno de la madre Iglesia,

…ha nacido nuevamente el Hijo de Dios hecho hombre.

Su nombre es Jesús,

que significa Dios salva.

El Padre, Amor eterno e infinito,

lo envió al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo.

El Padre lo dio, con inmensa misericordia.

Lo entregó para todos. Lo dio para siempre.

Y Él nació,

como pequeña llama encendida en la oscuridad 

y en el frío de la noche.

Aquel Niño, nacido de la Virgen María,

es la Palabra de Dios hecha carne.

La Palabra que orientó

el corazón y los pasos de Abrahán

hacia la tierra prometida,

y sigue atrayendo a quienes confían en las promesas de Dios.

La Palabra que guio a los hebreos

en el camino de la esclavitud a la libertad,

y continúa llamando a los esclavos de todos los tiempos,

también hoy, a salir de sus prisiones.

Es Palabra, más luminosa que el sol,

encarnada en un pequeño hijo del hombre,

Jesús, luz del mundo.

Por esto el profeta exclama:

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande».

Sí, hay tinieblas en los corazones humanos,

pero más grande es la luz de Cristo.

Hay tinieblas en las relaciones personales, familiares, sociales,

pero más grande es la luz de Cristo.

Hay tinieblas en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero más grande es la luz de Cristo.

Que Cristo sea luz para tantos…

Que el Emmanuel sea luz para toda la humanidad herida.

Que ablande nuestro corazón,

a menudo endurecido y egoísta,

y nos haga instrumentos de su amor.

Que, a través de nuestros pobres rostros,

regale su sonrisa…

Que… conceda su ternura a todos,

e ilumine las tinieblas de este mundo.

 PAPA FRANCISCO, Mensaje Urbi et orbi de Navidad, 25 diciembre 2019

 

Estos son mis deseos para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Los dirijo con afecto a ti

y a tus familiares, a todos,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

                                                                                     Paco  T.

 

Vidriera del Santuario Maria Theotokos, Loppiano (FI.), realizada por el Centro Ave, de Loppiano

 

MARÍA ABRE SU NADA AL TODO

 María es sencilla:

se recoge en la oscuridad de su pequeña casa,

en el silencio de su trabajo,

pero tiene consigo a Dios.

No está sola; no se desespera.

Es humilde y se cree nada;

vive en la soledad

y, sin embargo, hace de su sencilla morada un templo

y de su corazón un paraíso porque tiene a Dios:

abre su nada al Todo.

 IGINO GIORDANI. María, modelo perfecto, Ciudad Nueva, Roma (1967) 1988, pág. 206



viernes, 18 de diciembre de 2020

SOLO CRISTO ES SALVADOR

VIDA DE LA PALABRA                       primeras semanas DICIEMBRE


 Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?», Sal 27, 1) y la de noviembre 2020 («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5):

1.-        Un día metí la pata varias veces, incluso alguna de ellas delante de compañeros sacerdotes y un obispo. En el fondo, tampoco pasaba nada, pues conocen mi buena voluntad, pero… mi perfeccionismo… (¿orgullo, soberbia...?) continuamente en mi interior ese día y el siguiente me traía a la mente el sonrojo.

¡Hasta que también a eso, mientras rezaba el rosario, me di cuenta que tenía que aplicar la PdV!: “el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”, repetí un montón de veces entre las Avemarías. ¡Y dejé de preocuparme por mi ego, mi perfeccionismo, mi vanagloria! ¡¡Qué paz!! ¡¡Qué luz!!

 2.-        Estas semanas, con la situación de la pandemia, con el panorama social de leyes no acordes con la ley natural ni con el bien común (¡y aprobadas casi subrepticiamente!)… me surgía inquietud ante el futuro, pero el recordar la PdV del mes y rezar con plena confianza en Quien es el único Salvador, me devolvía la esperanza una y otra vez. Al mismo tiempo me hacía ponerme manos a la obra, por lo menos tratando de abrir los ojos a los demás y estimulando a todos a que también hagan su parte activamente y con la oración.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?», Sal 27, 1), la de noviembre 2020 («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5) y la de octubre («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado», Lc 14, 11):

1.-        “el adviento es para mí un período de optimismo y esperanza, lo vivo con la ilusión de compartirlo con la familia y amigos; este año algo diferente, pero gracias a Dios con salud y con un sentimiento interior de intentar estar en paz y poder trasladarlo a mi entorno. Como siempre, recordando a los que ya no están aquí, pero con la certeza de sentirles más cerca con la oración. 

Respecto a la PdV de este mes, como he comentado en la reunión del YouCat, durante los meses de confinamiento, que salía una vez en semana a comprar, tenía sensación de enorme tristeza por el vacío en las calles, la gente muy seria, evitándonos continuamente: daba hasta un poco de miedo. Y en mi interior no paraba de cantar el estribillo de "el Señor es mi luz y mi salvación", pero es que me salía sin pensarlo y me iba sintiendo con mucha más fuerza y positividad. Ahora que tengo la letra, me la voy a aprender.

 

2.-        “…muchas gracias, Paco! Esta mañana daba gracias por estos cuarenta años vividos, por las experiencias, las personas que me acompañaron y por esta hermosa vida que Dios me ha regalado.

Este último año ha sido especial, cargado de experiencias que nos han enriquecido: la partida de mi padre y la llegada a este mundo de nuestro hijo. Es un niño muy feliz y nos llena a todos de alegría. Unos meses antes de nacer nos dijeron que tendría síndrome de Down. Surgieron problemas en la gestación y de urgencia tuvieron que operarlo, todavía dentro de su madre, para salvarle la vida. Después de nacer volvieron a salir complicaciones que lo tuvieron dos meses en la UCI. Pero es fuerte y, sobretodo, con unas ganas muy grandes de vivir. Y, como no hay dos sin tres, hace unos meses lo operaron del corazón, la situación se complicó y se alargó su estancia en el hospital. Pero ya estamos todos en casa haciendo “vida normal”, aprendiendo del día a día y dejándonos sorprender por esta vida hermosa que Él nos regala….

 

3.-        “…de nuevo estuve en Cáritas ayudando con la conexión on-line. Llegué un poco antes para conectarlo todo y hacer una prueba con la persona que a distancia iba a dar el curso. En principio parecía que todo iba bien, pero me fijé en el ordenador y vi que una luz chiquita naranja parpadeaba. No puede ser: si ayer estuvieron revisando todo y se supone que quedó todo listo y preparado.

A la media hora se apagó todo. ¿Y ahora qué? Pues llamar a la persona de contacto y preguntar…: falta de poner algún cable, pero tiene que estar ahí.

En ese instante me entró la risa porque, cierto, había un montón de cables, pero ¿cuál de todos sería? Me sentía como en las pelis cuando tienen que desactivar una bomba y tienen que tener cuidado para no cortar el cable equivocado.

A todo esto, al fallar la conexión, me llamó la que estaba impartiendo el curso y, explicada la situación, se me ocurrió poner el altavoz al móvil para que siguiera hablando a los participantes aunque no la viesen en pantalla en lo que yo volvía a recuperar la conexión.

Cable encontrado. Enchufado el ordenador y siguió la conexión.

            En ese instante lo entendí: no se trataba de saber, sino de confiar.

Cuando me propusieron esto (y otras tantas cosas en la vida) mi reacción siempre era la misma: “no sé, no estoy preparada, mejor otro que sepa”. Ahora me daba cuenta que Dios ya sabía de mis pocos conocimientos en la materia y que si hubiera querido a un experto se lo hubiera pedido a otro, pero si me lo pedía a mí era porque no quería mi sabiduría, sino mi confianza en Él. Y la verdad es que funciona….

 

4.-        “gracias por la PdV y las experiencias que me encantan… Está claro que cuando las cosas se hacen con amor salen mejor... Estaba pensando que, últimamente, a pesar de todo lo que está pasando, me tomo las cosas de mejor manera, más tranquila y alegre... Esas prisas que no nos dejan pararnos con la gente a preguntar por su salud. O simplemente saludarlas. Nos hacen peores... 

Yo la verdad es que intento ser amable y dedicarles un tiempo. También a los familiares ahora sin visitas, pero por teléfono dedicándole un tiempo que luego agradecen. 

Este Adviento me está haciendo reflexionar y aunque está Navidad no nos dejen juntarnos, quiero vivirla más plena, desde el corazón, sabiendo que Jesús nace igualmente en cada uno de nosotros.

 

5.-        [continuación del nº 1 de “vuestras experiencias”, del correo del 2 de noviembre (últimas semanas de octubre)]

Paco, quiero celebrar contigo la gran alegría que tengo. Ayer fui a hablar con mi párroco y me confesé, recibí la comunión y el Sacramento precioso de la Unción: hoy vivo como en una nube de alegría y paz y es una gran fuerza extra para seguir adelante hasta que Dios quiera…

aquí sigo agarradita a mi fe; estoy bien, no tengo muchos cambios de salud, sigo luchando con los míos, como si no pasara nada, para que sigan su vida normal; tengo un apoyo muy grande contigo para seguir adelante…

…en PdV no me importa que lo publiques, si quieres, pq sé que lo que yo estoy viviendo… para hacer vida normal y seguir adelante como si no pasara nada… si algo puedo ayudar con mis palabras sé que muchas personas están pasando por circunstancias peores que las mías y con muchos dolores. Yo agarradita a mi fe y dando gracias a Dios cada vez que me acuesto y me levanto por un día más, aunque sé que “El Señor es mi único Bien”, (es lo que más quiero), esto es duro y si no fuera por la fe no podría seguir.

 

6.-        “por mi trabajo cada día tengo que cambiarme de ropa. Por la mañana voy forrada: pantalones de caballero, con forro por dentro, botas, dos pares de calcetines, camiseta térmica polar, etc.. Por la tarde, cambio de indumentaria… la verdad, es incómoda la ropa de la mañana. Dudaba qué ponerme… porque, claro… la gente te ve… y me vino a la mente: da igual como vayas por fuera, lo importante es el interior, tu actitud interior hará que el exterior sea bello ante los demás y así saldrá tu sonrisa, la palabra amable, la alegría con que recibas al cliente. Da igual el jersey azul, negro o verde; el pañuelo a juego o los pendientes, las pulseras, la raya en el ojo...: lo importante es tu disposición interior. 

Sin embargo hoy mi disposición interior no estaba “disponible”: discutí con un cliente y se marchó enojado. Después volvió a regañarme por lo que había hecho y le tuve que explicar que no había estado hablando o cotilleando con la señora a la que despachaba, sino que la señora era sordomuda y me costaba mucho entenderla: por eso tardaba tanto en atenderla. Al final, él se disculpó y yo me tuve también que disculpar por no haber tenido la paciencia suficiente en el momento oportuno para decirle al cliente que era sordomuda y por eso tardaba tanto en atenderla.

 

 

 

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martes, 1 de diciembre de 2020

EL SEÑOR ES LA DEFENSA DE MI VIDA

             El sábado pasado acababa el año litúrgico y, por tanto, el domingo hemos comenzado un nuevo ciclo, como siempre, con las 4 semanas previas a la Navidad: ¡Adviento!, tiempo de esperanza y de espera activa del Salvador, y más en este año raro-especial. 

            Una nueva Palabra para todo el mes nos ayudará a vivir lo que de verdad importa:

 


PALABRA DE VIDA                      DICIEMBRE 2020

 

«El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién he de temer?»

(Sal 27, 1)

 

«Al poco de nacer Mariana, los médicos le diagnosticaron una lesión cerebral. No podría hablar ni andar. Sentimos que Dios nos pedía que la amásemos así, y nos lanzamos en los brazos del Padre –escribe Alba, una joven madre brasileña–. Vivió con nosotros durante cuatro años y nos dejó a todos un mensaje de amor. Nunca oímos de sus labios las palabras “mamá” o “papá”, pero en su silencio hablaba con los ojos, que tenían una luz resplandeciente. No pudimos enseñarle a dar sus primeros pasos, pero ella nos enseñó a dar los primeros pasos en el amor, a renunciar a nosotros mismos para amar. Mariana fue para toda la familia un regalo del amor de Dios que podríamos resumir en una única frase: el amor no se explica con palabras».

Esto nos sucede también hoy a cada uno de nosotros: ante la imposibilidad de gobernar toda nuestra existencia, necesitamos luz, aunque sea un vislumbre que muestre por dónde salir, qué pasos dar hoy hacia la salvación de una vida nueva.

 

«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?».

 

La oscuridad del dolor, del miedo, de la duda, de la soledad, de las circunstancias «hostiles» que hacen vanos nuestros sueños, es una experiencia que hacemos en todos los puntos de la tierra y en toda época de la historia humana, como atestigua esta antigua oración contenida en el libro de los Salmos.

Probablemente el autor sea una persona acusada injustamente, abandonada por todos y a la espera de juicio. Está sumida en la incertidumbre de un destino amenazador, pero se encomienda a Dios. Sabe que Él no abandonó a su pueblo en la prueba, conoce su acción liberadora; por eso encontrará en Él la luz y recibirá refugio seguro e inatacable.

Precisamente al ser consciente de su fragilidad, se abre a la confidencia con Dios, acoge la presencia de Él en su vida y espera con confianza la victoria definitiva recorriendo los imprevisibles caminos de su amor.

 

«El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer?».

 

Este es el momento oportuno de volver a encender nuestra confianza en el amor del Padre, que quiere la felicidad de sus hijos. Él está dispuesto a cargar con nuestras preocupaciones (cf. 1 P 5, 7) de modo que no nos repleguemos sobre nosotros mismos, sino que seamos libres de compartir con los demás nuestra luz y nuestra esperanza.

La Palabra de vida, como escribe Chiara Lubich, nos guía por el camino que va de las tinieblas a la luz, del yo al nosotros: «[…] Es una invitación a reavivar la fe: Dios existe y me ama. […] ¿Me encuentro con una persona? Debo creer que a través de ella Dios tiene algo que decirme. ¿Me entrego a un trabajo? En ese momento sigo teniendo fe en su amor. Llega un dolor: creo que Dios me ama. ¿Llega una alegría? Dios me ama. Él está aquí conmigo, está siempre conmigo, lo sabe todo de mí y comparte cada pensamiento mío, cada alegría, cada deseo, lleva conmigo cada preocupación, cada prueba de mi vida. ¿Cómo reavivar esta certeza? […] Buscándolo en medio de nosotros. Él prometió estar allí donde dos o más están unidos en su nombre (cf. Mt 18, 20). Así pues, encontrémonos en el amor mutuo del Evangelio con todos los que viven la Palabra de Vida, compartamos experiencias y comprobaremos los frutos de esta presencia suya: alegría, paz, luz, valentía. Él permanecerá con cada uno de nosotros y seguiremos sintiéndolo cerca y operante en nuestra vida de cada día»[1].

LETIZIA MAGRI



[1] Palabra de vida, julio de 2006: C. Lubich, Parole di Vita (ed. F. Ciardi), Città Nuova, Roma 2017, pp. 785-786 (próxima publicación en castellano).



Aquí puedes ver esta misma Palabra de Vida de diciembre en presentación power  pointhttps://www.youtube.com/watch?v=atJIrCRPqZM




 

lunes, 30 de noviembre de 2020

DIOS CONSUELA DANDO SERENIDAD

 VIDA DE LA PALABRA            últimas semanas de NOVIEMBRE

 

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5) y la de octubre («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado», Lc 14, 11):

 

1.-        El viernes pasado por la tarde empezábamos el tradicional fin de semana de Ejercicios Espirituales en el Centro Mariápolis. Yo quería terminar de perfilar bien las cosas y orar más. Y descansar bien para estar más despejado y poderme dar más.

            Pero… El jueves hice cena en abundancia para tenerla también como comida el mismo viernes. Metí parte de ella en un tupper y de pronto, quizá por lo tarde que era y el cansancio, ¡se me cayó!: ¡¡el puré salpicó por toda la cocina, hasta los sitios más impensables!! En vez de enfadarme conmigo mismo, pensé rápido: “los Ejercicios Espirituales tendrán mucho fruto, puesto que tengo la oportunidad de vivir esta prueba con buen humor”. Esa misma mañana justo había sido la limpieza general a fondo ¡y no tocaba, por tanto, hasta una semana después! Así que me puse a limpiar con paz, ofreciendo por el fruto de los Ejercicios, (y acordándome de la PdV: “dichosos los que lloran…”), aunque la cosa se alargó más de media hora, pues había salpicaduras en encimeras, en alturas, en todos los rincones… me reía de mí mismo.

Ceno luego (con cierta molestia de riñones de agacharme a limpiar: ¡también ofrecida!). Cuando ya acostado iba logrando “desactivarme” y empezar a dormirme… a las 00:55 me llaman por el teléfono de urgencias del hospital. De nuevo con prontitud repetía en mi interior: “¡Qué bien!: los Ejercicios van a ser muy fructuosos si no dejo de amar, (si no muestro mal humor ni contrariedad)! Como era coronavirus a punto de intubar, traté de volcarme más con todo el respeto y cariño de ayudarle a prepararse bien antes de que lo durmieran, por si luego no despertase en esta vida, (era un hombre muy religioso, se había confesado también hacía poco). Así que, con todos los cuidados y protocolos, me tienes luego duchándome a las 02:30, (¡y había que madrugar!), pero (recordando la PdV y el ofrecer por el fruto espiritual de los Ejercicios) yo seguía con paz y contento.

1b.-     El mismo viernes también presentó muchas oportunidades. P.ej.: a media mañana, saliendo de visitar a los enfermos del hospital, cuando me dirigía al aparcamiento (siempre me toca estacionar muy lejos), la llovizna se convirtió en el momento más torrencial del día. Lo mismo: “PdV y ¡los Ejercicios darán mucho fruto si no dejo de amar y ofrecer!”.

Al llegar a la Parroquia, con las prisas, cerré mal el paraguas (buenísimo y con valor sentimental) y me lo cargué sin querer, (creo que pidiendo prestado un destornillador de precisión, podré arreglarlo dedicando un rato). Mi estribillo: “PdV y… fruto…”.

Comí rapidito, pues coincidió que me habían pedido ir al cementerio de Las Rozas para la bendición del columbario y la inhumación de los restos de dos focolarinas. Bajo la llovizna, ¡me perdí y llegué unos minutos tarde! Mi estribillo: “PdV y… fruto…”, ofreciendo además por ellas. Fue un momento de fraternidad entre los que estábamos y también con ellas: fue un ratito de presencia fuerte de Jesús en medio, que unía cielo y tierra. ¡Y vuelta corriendo a la Parroquia a terminar de hacer la maleta e imprimir varias copias del horario de los Ejercicios (después de enviarlo a todos los participantes)!

1c.-      Aunque es la vez que llevaba menos hilvanadas mis intervenciones en los Ejercicios, vi palpablemente la acción del Espíritu Santo todo el tiempo, pues a los 20 participantes presenciales les encantó todo, (a pesar de todo el tiempo todos con la mascarilla y todos las prudencias y protocolos sanitarios): se percibía el domingo tarde que habían hecho un experiencia de unión don Dios personal y a través del hermano; y también de una comunión que nos hacía sentirnos ya familia. ¡Y una alegría, paz y luz contagiosas! Verdaderamente eran Ejercicios de Adviento: Jesús nacía más profundamente en cada uno (viviendo la Palabra, orando, amando…) y también nacía en medio de nosotros por el amor recíproco y la comunión de alma y de experiencias de la Palabra.

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de noviembre  («Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados», Mt 5, 5), la de octubre («Todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado», Lc 14, 11) y la de septiembre («Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos», Lc 6, 38):

1.-        “ayer tarde cuando llegué a mi casa después del fin de semana de Ejercicios en el Centro Mariápolis, tuve que salir a vaciar unas cuantas cosas de la casa de una amiga que hoy tenía que entregar el piso. Como no quería que se perdieran, porque iban a tirarlas, me fui con una amiga a vaciar el piso. No sé cuántos viajes hicimos a una tercera planta sin ascensor. Hoy, menos las pestañas, me duele todo. Curiosamente, a pesar de todo, estoy feliz. Nada más levantarme he saludado a Jesús, algo que dejé de hacer hace muchos años.

No sé muy bien expresar qué me pasa hoy: siento una "extraña felicidad" que me hace verlo todo de color rosa, aunque nada más empezar mi recorrido me he enfadado con tema de circulación. Al momento he rectificado mi mente y he dicho: “Señor, perdona mi impaciencia”.

Es la una menos cuarto y no he parado en toda la mañana. De repente me doy cuenta de que no es un día normal: no, es distinto. Estoy contenta (no sé la razón) he tenido mucha gente, mis pensamientos negativos se han convertido en positivos; curioso. Y digo yo, ¿esto va a durar mucho? Y algo me dice que sí.

En fin, sólo sé decir que estoy contenta: me siento acompañada, feliz... No sé cómo definirlo, bien.

 

2.-        “el comentario de la PdV de este mes dice: “…podemos aprender a ser, los unos para los otros, testigos e instrumentos del amor tierno y creativo del Padre…”. Estuve trabajando como cocinera en una residencia de mayores.

            Un día, salí al pasillo un instante, vi a una ancianita que pidió un vaso de agua. Se lo dije a quien correspondía. Más de una hora después le pregunté y me dijo: “¡pues llévaselo tú!”. Me atreví a corregirla, (sé que todo queda grabado en cámaras y eso supondría mi despido). Yo no debo salir de la cocina; y, además, ese día iba yo muy apurada.

            Con todo mi cariño le llevé el vaso de agua y a la anciana se le iluminó la mirada. Empecé a mesarle el pelo y me añadió: “me lo tienes que dar tú”. Así que regresé a la cocina a por una pajita. Cuando llevaba la mitad del vaso, me agarra fuerte de la mano: “quédate 10 minutos conmigo”. Le dije que no debía, que me estaba jugando el puesto. Pero esa mirada…: “me quedo y hablamos”. En seguida me pidió que rezáramos juntas: Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Y al acabar de santiguarnos, me pide: “cántame algo, por favor”. Lo que me vino a la mente, (¡no sé por qué!): “…no nos llevaremos nada, solo el amor…”. Todos los residentes se nos quedaron mirando… Paré. Pero luego seguí con otra estrofa. La anciana estaba feliz.

Diez minutos en total: “Dios te bendiga, hija”. Se me grabó en el alma y le dije también “Dios la bendiga” y me fui rápida y feliz a mi labor.

            A los pocos minutos siento una mano violentamente en mi hombro: la auxiliar que le debió llevar el agua. “¿Qué has hecho?”, -me dice-, “¿no te has dado cuenta que está muerta? ¡Esto te costará caro!”. Le contesté que cuando yo la dejé estaba viva y feliz y que yo había hecho lo que ella debiera haber realizado una hora y media antes: las cámaras lo corroborarían, aunque me despidieran, (como así fue, por no estar yo en la cocina).

Estoy sola y mi familia en mi país necesita mi ayuda desde aquí, pero mi alma estaba en paz y feliz de hacer lo que Dios me pedía y de que una persona no haya dado solita el paso más importante de su vida.

 

3.-        “…tenía que bajar al Banco para sacar dinero para la Escuela. Tengo que cruzar por una pasarela sobre la vía del tren, en la que muchas veces me encuentro a un  chico africano del albergue que está al lado, (un centro de acogida para personas sin hogar). Siempre que nos cruzamos, nos saludamos y el chico siempre está con una sonrisa. Hoy me ha preguntado que qué tal estaba y yo también a él. Me ha dicho que bien, pero sin trabajo. Le he contestado que rezase para que Dios le ayudase. Me ha replicado que no sabía rezar. Le he preguntado si no sabía rezar el Padre Nuestro y me ha dicho que no. Entonces le he dicho: di muchas veces al día "Dios, ayúdame"; que eso era también rezar y que vería cómo Dios le ayudaba. Me ha dicho que lo iba a hacer. Nos hemos despedido y se ha marchado sonriendo como siempre….

 

4.-        “"Bienaventurados los que lloran porque serán consolados"  Sé que estoy en la voluntad del Señor porque intento hacer en cada momento presente lo que toca y amar a quien pasa a mi lado. 

Con los niños en el cole es muy fácil amar y encontrarse con Jesús...

            Ando también cansada y cuando llego agotada de trabajar necesito dormir un rato. Quizás por eso ando desvelada ahora. 

Sé que se me escapan momentos divinos para amar con más intensidad. Intento volcarme con los peques y ayudarles en sus dificultades mostrando agrado, alegría y cercanía. Un acto de amor concreto... Sonreír con agrado a los profes, a los peques. Consolar: Quizás la sonrisa sea un consuelo para los que la reciben. 

            Consolar... Sí que consuelo a mi madre cada día ofreciéndole mi cariño y mi escucha. El consuelo que doy es la alegría del Resucitado... Es la alegría de estar, de ayudar, de sonreír. 

¡Tengo un acto de amor concreto muy lindo! El sonreír, acoger y saludar con simpatía a dos señoras mayores de la parroquia, cuando me he sentado cerca de ellas en misa. Creo que el crear familia nace de los detalles de sentirse mirados y acogidos... 

Seguiré consolando con detalles de acogida y cercanía. 

Ayer me acerqué al final de la misa a un señor de la parroquia. La misa se ofreció por su hermana que falleció a principios de este mes. Él es una persona muy alegre y bromista... Su mirada estaba triste... Y después de respirar hondo me dijo lo malita que estaba su hermana los últimos días... El acercarme y darle mi pésame creo que sirvió de consuelo. Aun así, me quedé con ganas de consolar mejor y estoy rezando por su hermana.

  

 

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