VIDA DE LA PALABRA últimas semanas de ENERO
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de vida de enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4) y la de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10):
1.- El pasado domingo, sin pretenderlo, tuvimos
concelebrando en la Misa de 11:00 a un monje benedictino (se presentó sin
avisar) y en la de 12:30 a un misionero comboniano (se anunció un par de días
antes). Entre una y otra, coincidieron ambos. Traté de acogerlos calurosamente
a cada uno, (“haciendo verdadera fiesta”) y que se relacionaran con todos,
mayores y pequeños, habituales y nuevos.
Fue precioso ver en la parroquia la
vida eclesial contemplativa representada en uno, (que, además, iba de camino a
predicar unos Ejercicios Espirituales a un monasterio de monjas cistercienses,
a las que con él mandé saludos), y la vida eclesial más activa representada en
el otro en primera línea de campo en Sudán del sur, (donde están padeciendo la
guerra).
En comunión con cada uno de nosotros y
con todos los feligreses, (a los que pudieron saludar), y entre ellos. La PdV recordaba:
“un solo Cuerpo y un solo Espíritu… una es la esperanza…”. Los saludos, las
sonrisas, los abrazos lo decían todo: unidad en la Iglesia, testimonio de
fraternidad. Ellos, nosotros los sacerdotes y todos los feligreses quedamos muy
contentos y mutuamente edificados.
2.- Continuando con la partida hacia
la casa del Padre de mi tía, monja clarisa, sabiendo que ya estaba mal he orado
anoche todas las veces que me desperté.
Por la mañana pedí a las monjas que le
pusieran el teléfono al oído, (aunque ya desde hace meses, apenas dice nada),
para hablarle del cielo, (como así también hice el lunes cuando le di la
Unción).
Me acordaba de la visita que José Varas, otro
santito, hizo a su hermano Pedro en Toledo que estaba muy enfermo y cuando se
despedían y salía de su habitación, (fue la última vez que se vieron), Pedro le
dijo: “¿y te vas a ir sin hablarme del cielo?”. Y José, entre abrumado y
emocionado, volvió sobre sus pasos y lo primero que le inspiró el Espíritu
Santo fue un texto del Apocalipsis: “sus siervos le darán culto. 4Y
verán su rostro, y su nombre está sobre sus frentes. 5Y ya no
habrá más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol,
porque el Señor Dios los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos”.
Eso le dije yo también a mi tía susurrándole
a través del teléfono y, además, lo que mi madre repite a menudo: “ni el ojo
vio, ni el oído oyó, ni mente alguna puede pensar lo que Dios ha preparado para
los que lo aman”, (S. Pablo) y añadía ella: “¡qué será el Cielo!, ¡¡qué será el
Cielo!!”. A la vez le recordaba que la queremos mucho y le iba mencionando cada
uno de la familia. Y que sabemos que ella nos quiere muchísimo a todos y cada
uno y valoramos lo mucho que ha orado y se ha sacrificado por nosotros y por
toda la Iglesia y toda la humanidad.
En el momento de fallecer, también me
llamaron las monjas mientras le recitaban la recomendación del alma, y luego le
pusieron el teléfono al oído, (¡es lo último que se pierde!) y le recordé que Dios
la ama con locura y estaba esperándola con los brazos abiertos, con toda su Luz
y su Paz y que le dijera que sí a todo. Le volví a recordar esos y otros textos
bíblicos. Que se vaya tranquila hacia el abrazo del Señor, que ha cumplido con
creces su misión y su vocación. Y que la Virgen María estaba saliendo a su
encuentro para llevarla de la mano protegida bajo su manto ante el Señor.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando
de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida enero («Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una
es la esperanza a que habéis sido llamados», Ef 4, 4), la de diciembre («Los confines de la tierra verán
la salvación de nuestro Dios», Is
52, 10) y la de noviembre («Bienaventurados
los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»,
Mt 5, 9):
1.- “…hoy me quitaron una verruga fea y el dolor físico que tuve
con los puntos con poca anestesia, pude ofrecerlo a Jesús, y me recordó que
este mes estaba como bloqueada; quería escribirte para contar alguna experiencia
y era incapaz de expresarme.
Tengo un hijo, como ya
sabes, pasando una separación muy difícil: cuando me llama y me cuenta sus
dificultades, no se expresar el dolor que me supone comprender sus dificultades,
y no poder más que rezar, (nada más, ¡y nade menos!), y escuchar, y llorar en
silencio, y sentir que mi vida era solo ese dolor. A menudo este mes, el pasa
palabra (=breve recordatorio diario de la PdV armonizada al Evangelio del día) nos
habla de la esperanza: sí espero en Él, confío en Él, aunque el dolor me invade
muchas horas del día…”.
2.- “…muchas
gracias por tu mensaje y por tu cercanía. En este tiempo la salud se ha visto
muy afectada y el camino está siendo duro, pero procuro mantener la serenidad y
seguir adelante, día a día.
Agradezco de corazón tus
oraciones y que me tengas presente ante el Señor, porque esa compañía en la fe
sostiene y reconforta en medio de la dificultad…”.


