miércoles, 31 de diciembre de 2025

UNIDAD EN LA ESPERANZA

 PALABRA DE VIDA                                enero 2026

 

«Un solo Cuerpo y un solo Espíritu,

como una es la esperanza a que habéis sido llamados»

(Ef 4, 4)

En la Semana de oración por la unidad de los cristianos[1] estamos invitados a concentrar nuestra atención en un tema en particular, el que se refiere en la Carta de Pablo a los Efesios. En las llamadas cartas de la prisión, Pablo se dirige a sus destinatarios exhortándolos a dar un testimonio creíble de su fe a través de la unidad, basada en una única fe, un solo espíritu y una sola esperanza, solo a través de la cual se da testimonio de Cristo como cuerpo.

 

«Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados».

 

Pablo nos llama a la esperanza. ¿Qué es la esperanza y por qué se nos invita a vivirla? Es un brote, un regalo y una tarea que tenemos el deber de custodiar, cultivar y hacer fructificar para bien de todos. «La esperanza cristiana nos encomienda situarnos en la delgada línea del cordal, esa frontera donde nuestra vocación nos exige elegir cada día y en cada momento ser fieles a la fidelidad de Dios por nosotros»[2].

Para los cristianos, nuestra vocación, nuestra llamada no es un asunto solo entre el individuo y Dios, sino que es convocación, es decir, somos llamados juntos, es la llamada a la unidad entre quienes se comprometen a vivir el Evangelio. En las intervenciones y escritos de Chiara Lubich encontramos a menudo referencias explícitas a la unidad como aspecto propio de su espiritualidad: esta es fruto de la presencia de Jesús entre nosotros. Y esta presencia es fuente de una profunda felicidad.

«Si la unidad es tan importante para el cristiano, entonces nada se opone tanto a su vocación como el faltar a ella. Y pecamos contra la unidad todas las veces que cedemos a la tentación –que reaparece continuamente– del individualismo, el cual nos impulsa a hacer las cosas por nuestra cuenta, a dejarnos guiar por nuestro juicio, nuestro interés o prestigio personal, ignorando o incluso despreciando a los demás, sus exigencias y sus derechos»[3].

 

«Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados».

En Guatemala hay un diálogo muy activo entre los miembros de distintas Iglesias cristianas. Nos escribe Ramiro: «Preparamos la Semana de oración por la unidad de los cristianos junto con un grupo de personas de distintas Iglesias. En el programa se incluyó un festival artístico preparado con los jóvenes y varios actos en las distintas iglesias. La Conferencia Episcopal católica nos pidió que continuásemos con la experiencia preparando también un rato de intercambio con un grupo de obispos católicos y personas de distintas Iglesias que habían confluido desde toda América para un encuentro dedicado al 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Más allá de estas actividades, experimentamos muy fuerte la unidad entre todos nosotros y los frutos que esta lleva consigo: fraternidad, alegría y paz».

 

PATRIZIA MAZZOLA y el equipo de la Palabra de Vida

 

 


¡¡ FELIZ 2026 !!


deseo a ti y a los tuyos

que tengáis una muy buena salida y entrada de año

y un próspero 2026

colmado de la bendición del Señor:

 

«…ver la luz y creer en ella

es necesario para no hundirse en la oscuridad.

Se trata de una exigencia

que los discípulos de Jesús

están llamados a vivir de modo único y privilegiado,

pero que, por muchos caminos,

sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano.

La paz existe, quiere habitar en nosotros,

tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia,

resiste a la violencia y la vence.

La paz tiene el aliento de lo eterno;

mientras al mal se le grita “basta”,

a la paz se le susurra “para siempre”.

En este horizonte nos ha introducido el Resucitado.

Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz…

San Agustín exhortaba a los cristianos

a entablar una amistad indisoluble con la paz,

para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu,

pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor…

Ya sea que tengamos el don de la fe,

o que nos parezca que no lo tenemos,

queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz!

Acojámosla y reconozcámosla,

en vez de considerarla lejana e imposible.

Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino.

Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros,

como una pequeña llama amenazada por la tormenta…

La bondad es desarmante.

Quizás por eso Dios se hizo niño.

El misterio de la Encarnación,

que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos,

comienza en el vientre de una joven madre

y se manifiesta en el pesebre de Belén.

«Paz en la tierra» cantan los ángeles,

anunciando la presencia de un Dios sin defensas,

del que la humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14).

Nada tiene la capacidad de cambiarnos tanto como un hijo.

Y quizá es precisamente el pensar en nuestros hijos,

en los niños y también en los que son frágiles como ellos,

lo que nos conmueve profundamente (cf. Hch 2,37).

Un servicio fundamental

que las religiones deben prestar a la humanidad que sufre

es vigilar el creciente intento de transformar

incluso los pensamientos y las palabras en armas.

Las grandes tradiciones espirituales,

así como el recto uso de la razón,

nos llevan a ir más allá de los lazos de sangre o étnicos,

más allá de las fraternidades que sólo reconocen al que es semejante

y rechazan al que es diferente…».

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

para la celebración de la LIX Jornada Mundial de Oración por la Paz 1 enero 2026

UNA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE




 

martes, 30 de diciembre de 2025

DIOS SALVA A TRAVES DEL HERMANO

 VIDA DE LA PALABRA           últimas semanas de DICIEMBRE

 Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

1.-        Terminando de hacer mi compra en un supermercado, al acercarme a la hilera de cajas para pagar, una dependienta conocida me hace seña para que me ponga en su fila. Creí que ella consideraba que esa iba a ser más rápida, pero lo que quería es que hablara yo con la cliente a la que ella estaba atendiendo en ese momento.

Después de ayudarla a cargar su carrito, me la presenta: acaba de enviudar y está muy desconcertada y sola después de tantísimos años de buen matrimonio.

Yo llevaba prisa, pues el arquitecto del obispado estaba llegando a la parroquia para visitar las múltiples goteras de nuestra iglesia. Charlamos un ratillo los 3 mientras la cajera me atiende sosegadamente, (no puede dejar de trabajar del todo, pues le llamarían la atención).

Conversación provechosa para los 3: la viuda sale confortada y con mucha paz, según nos dice, y nosotros 2 continuamos la respectiva obligación contentos de haber podido amar al prójimo. “Donde dos o más... unidos… allí…” está Jesús en medio: ¡también en el super!

           

 

Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10), la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra», Sal 121, 2):

 

1.-        no te agradezco tan a menudo como quisiera que te sigas acordando de nosotros y me mandes la PdV. Me ayuda mucho a entender y, (este es mi tercer año como catequista), a explicar el poder de Dios en cada uno de nosotros.

 

2.-        este año he leído todos tus mails y ha sido intenso!!!!

…mi hijo está avanzando mucho, nos ha traído el boletín de notas muy bueno y me he emocionado tanto: le he mandado un mail al profe para agradecerle por el regalo de su dedicación y por regalarnos o convertir mejor dicho, recibir el boletín y llenarnos de alegría y orgullo; el mérito también es del profe y se lo he escrito así.

…a mi otro hijo ya no lo conoces!!!! Está grandote, ya me pasa con media cabeza, estamos orgullosísimos de él: es un chico buenísimo de corazón, responsable, atento, cuida de su hermano y está muy dedicado a los estudios.

…mi marido y yo, en nuestra línea: trabajando, cuidando a los niños y siempre intentando crecer como familia.

Este 2025 hemos trabajado el perdón y tan difícil que es... aún nos cuesta. Recordando cada palabra de vida. En mi viaje a mi país, he ido a dejarle flores a mi padre después de 4 años, para tener un gesto y seguir trabajando en el perdón.

 

domingo, 21 de diciembre de 2025

FELIZ NAVIDAD 2025

DEJAR NACER A JESÚS EN MEDIO DE NOSOTROS

«Dentro de pocos días llega la Navidad,

Navidad nos recuerda

un punto esencial de espiritualidad…

Pero lo que la Navidad nos recuerda

es algo más que un punto, más que una norma,

es una realidad,

es la gran realidad que ofrecer al mundo:

Jesús, que, en cierto modo, nace y vive en medio de nosotros,

si vivimos y renovamos siempre nuestro amor recíproco.

Dar vida a Jesús en medio es nuestro primer deber,

es la razón fundamental…:

«No puedes permitirte el lujo de hacerte santa

si el Santo no está entre vosotros,

no puedes ilusionarte con llegar a ser perfecta

si el Perfecto no está entre vosotros».

¿Y entonces?

Entonces, creo que… el camino justo es éste:

establecer, volver a establecer su presencia entre nosotros

con ese amor hecho de servicio, de comprensión,

de participación en los dolores, en las cargas,

en las ansias y en las alegrías de nuestros hermanos;

con ese amor que todo lo cubre, que todo lo perdona,

y que es típico del cristianismo.

Estad seguros de que,

gracias a este amor,

el Resucitado,

que ha prometido estar con su Iglesia hasta el fin del mundo,

está también entre nosotros.

Y, sobre esta base,

vivir en cada momento la voluntad de Dios,

bien, perfectamente…

Esto es lo que tenemos que hacer

en los últimos quince días del año,

en los que la Palabra de Vida nos estimula a vivir,

como María, la voluntad de Dios.

Para nosotros, en cierto modo como para Ella,

la primera voluntad de Dios

es la de dar vida a Jesús.

Así nos perfeccionaremos, de verdad,

como «campeones de unidad» con los hermanos y con Dios.

Entonces, a todos, a todos:

¡Feliz Navidad!

Y acordaos de que Jesús puede estar entre nosotros

incluso a distancia.

¡Felicidades a todos!»

 CHIARA LUBICH. Carta desde Tokio, diciembre 1981

 

 Este es mi deseo para

UNA SANTA Y FELIZ NAVIDAD.

Lo dirijo con afecto a ti,

a tus familiares, a todos,

en particular si hubiera alguno enfermo o que sufre.

 

 

 

 


sábado, 20 de diciembre de 2025

DIOS ENVÍA SU SALVACIÓN: JESÚS

 VIDA DE LA PALABRA                 primeras semanas de DICIEMBRE

Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10) y la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9):

1.-        El domingo pasado, domingo de gaudete, en la Misa de familias, con los niños en la homilía estamos desvelando las casillas de un calendario de Adviento preparado por Familias Nuevas. Un niño “rascaba” una casilla y, detrás, aparecía escrito un compromiso para ese día; y luego otro niño contaba a todos los feligreses un acto concreto de amor al prójimo con el que había puesto en práctica eso, por amor al Niño Jesús que viene.

Se fueron después de Misa con las catequistas como “sembradores de estrellas” por las calles cantando villancicos y deseando feliz Navidad a los transeúntes y recordando así que el Nacimiento de Jesús es el motivo de la fiesta.

Regresaron al acabar la siguiente celebración de la Misa e hicieron un pequeño recital de villancicos para todos, incluyendo también a los de una fundación con personas de capacidades diversas: “fue el momento más entrañable del día”, manifestaba luego una feligresa de la catequesis de adultos.

1b.-     Y después de todo ello, una paella gigante hecha por el grupo de matrimonios aquí en la parroquia, que habían realizado, además, la multiplicación, no de los panes y los peces, ¡sino del sitio!, pues en nuestro salón, que no es muy grande, lograron hacer entrar sillas y plato en mesa para 100 comensales. Todos apretaditos, pero en buena armonía y convivencia.

Unos villancicos cantados por todos y un pequeño juego para conocernos entre los diversos grupos parroquiales, precedieron a una divertida rifa de un jamón y otros manjares y utensilios.

Y mientras cantábamos otros villancicos, entre todos se recogió todo en menos de 10 minutos. Un hombre decía: “no me creo que hace unos minutos aquí hemos comido y tomado café sentados 100 personas”. Le contesté: “entre todos y con alegría se hacen enseguida las cosas”.

Después del café, la proyección del capítulo especial navideño de la serie “The chosen” para este año. Al acabar me decía entre asombrada y divertida una feligresa: “Paco, ¿¡estás llorando!?”. Sí, la verdad es que yo estaba emocionado por la armonía y colaboración de todos todo el día, (¡y los días previos organizando!), y emocionado también por la película que hace ver el nacimiento de Jesús, entremezclando imágenes del magníficat y muchas citas de los salmos y profetas en referencia a los tiempos mesiánicos. María dio a Jesús al mundo. La parroquia, por el amor recíproco, hacía palpable la presencia del Resucitado “donde dos o más están unidos…”. ¡Y esto es Adviento! ¡Esto es preparación de la Navidad=Dios con nosotros!

 

2.-        Como sabes, desde el accidente a finales de febrero, he tenido que llevar el coche varias veces al taller dejándolo allí unos días. Así, por lo menos 7 u 8 veces. Creí en octubre que por fin estaba todo resuelto... pero tuve que llevarlo de nuevo en noviembre, (y también a principios de diciembre), pues había detectado otra cosa no bien arreglada.

Cuando estaba yendo a recogerlo, del taller me dicen que me lo traiga, sí, pero que tendré que volver a llevarlo, pues no lo han terminado. Se me encendió malhumor por dentro, pero acordándome de la PdV de noviembre (“bienaventurados los que trabajan por la paz…”), al llegar allí les traté con una sonrisa y diciéndoles todo con calma, de tal manera que no se rompiera la buena relación, aunque a veces me viene la tentación de pensar que no se están tomando del todo en serio "dejar el coche bien, como antes del accidente", tal como me prometieron y aseguraron las primeras veces. Desde luego, siguen fieles a su garantía de un año y no me están cobrando estas 8 ó 9 veces, pero al ser otro pueblo, me toma mucho tiempo el ir y volverme, el estar, el ir a recogerlo...; y luego andar pidiendo coches prestados cada vez.

En fin, me queda la "paz" de que trato de mantener la unidad y de que "Tú, Señor, eres mi único Bien", no el coche.

2b.-     Estamos todo el otoño con obras en las cubiertas del templo parroquial y de los aledaños. La última semana de noviembre, los albañiles desoyendo los consejos de nuestro arquitecto (voluntario parroquial) no terminaron del todo unos remates del templo y dejaron al descubierto buenos trozos del voladizo de alrededor. Les advertí que llovería, pero dijeron que habían puesto una lona.

A la mañana siguiente había cantidad de goteras. Subí a ver la lona y no estaba bien puesta: una total falta de previsión incluso para un profano en la materia.

Era sábado y cada vez entraba más agua: yo, con capucha puesta dentro, fregona en mano y poniendo 20 o 25 cubos. Llamé a varias personas como para pedir consejo de auxilio, pero unos no contestaban y alguno que vino no se le ocurrió nada.

Le escribí varias veces a lo largo del día al constructor, firme en mis palabras y apreciaciones, pero no perdiendo la calma y procurando no herir ni romper.

Casi al final de la tarde, nuestro arquitecto, (había estado de retiro espiritual todo el día), vio mi mensaje y rápidamente antes de que cerraran fue a comprar un cemento que fragua rápidamente incluso con lluvia y subió al tejado, (ya anochecido y sin luz; teniendo en cuanta que su salud es muy precaria y por eso está jubilado). Alumbrado por el móvil del otro sacerdote, selló las grietas. Gracias a eso, durante la noche ya casi no entró agua, pero dentro estaba todo inundado y las pareces manchadas. Varias señoras habían ayudado a poner cartones y toallas, etc.

    Al día siguiente me escribió el constructor reconociendo que, (sic), "había sido una cagada" por parte de ellos y que había estado todo el día fuera y no vio mis mensajes; su seguro tendrá que arreglar los desperfectos.

    Todas estas semanas cuando subo cada día al tejado, procuro les digo todas las sugerencias y consejos que me vienen a la mente, aunque sean verdaderas perogrulladas por ser inexperto en el tema y procurando que no sean muestra de desconfianza, sino una ayuda para entre todos llevar a buen fin todo lo mejor posible juntos. Gracias a la PdV "...trabajar por la paz..." ha mantenido con ellos la paz y la sonrisa, interesándome por su salud en medio de las inclemencias del tiempo.

 

3.-        Me estaba pareciendo que no vivía yo el Adviento como otros años, en que espontáneamente me salía tararear o cantar a pleno pulmón en muchos momentos del día “ven, ven, Señor, no tardes…” o “preparad el camino al Señor y escuchad la Palabra de Dios...”.

         El sábado me confesé y el amigo sacerdote me puso como penitencia ofrecer la Misa del día siguiente pidiendo que me reenamore del Señor. Y me resultó bonito y provechoso.

        Pero estos días llevo dándole demasiadas vueltas a la cabeza a unas ideas. Además, el martes, aunque las obras del tejado del templo parroquial están casi acabadas, (no pagadas, ¡eh!), han aparecido dos goteras nuevas.

         Por ese “dar vueltas” en mi cabeza, estaba yo desanimado, casi como Elías bajo el ricino, mejor dicho: como Santiago apóstol a orilla del río en Cæsar Augusta.

Estando así esos días y noches, el miércoles temprano una amiga me trajo un regalillo con felicitación navideña en la que escribía: “…tengamos siempre presente al Niño-Dios y no olvidemos nunca que ‘Él es nuestro único Bien’, como usted me recuerda siempre”. Me pareció providencial para mí en ese momento y ese día.

No obstante, me seguía viniendo todo a la cabeza. Esa misma tarde, al acabar la Misa en la residencia de ancianos entoné “Mientras recorres la vida…” y, envuelto de nuevo en mis nublados pensamientos, dejé de cantar y también ellos cuando acabaron el estribillo. Tras unos segundos, entonces, de repente, (nunca me había ocurrido), un ancianito espontáneamente grita: “¡viva el cura!”. ¡¡Y lo repitió!! Y todos le corearon. ¡¡¡Me parecía una caricia consoladora de la Virgen (en medio de su canto) como a Santiago apóstol!!!

Entonces, en diálogo agradecido con María, continué con las estrofas del canto, ¡y las saboreé como nunca, (y eso que me emocionan cada vez, por mil veces que las cante)! Me recordó la PdV, (“…verán la salvación…”) que estaba teniendo yo un poco aparcada. Me supo a cálido susurro de María cada palabra: “aunque parezcan tus pasos inútil caminar, tú vas haciendo caminos: otros los seguirán”: se me escapó una lágrima de conmoción agradecida a la Madre. “Aunque te digan algunos que nada puede cambiar, lucha por un mundo nuevo, lucha por la verdad”: ¡era el empujón de Ella recordándome la PdV del mes! Y aunque, en teoría es la primera estrofa, sin percatarme, canté por último: “Mientras recorres la vida, tú nunca solo estás, contigo por el camino santa María va”:  de nuevo María me reconfirmaba como obra suya.

         Acabé de recoger todo entre emocionado-feliz y confundido.

Y cuando me despido con la mano de los ancianitos, el colofón de María: ¡¡inesperadamente me dieron ellos un aplauso!! Así que, Ella me reconfirmó: aunque yo no vea nada, seguimos en Adviento y “…verán la salvación…”.

 

 

Solo me ha llegado una de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de diciembre («Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios», Is 52, 10), la de noviembre («Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», Mt 5, 9) y la de octubre («Mi auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra», Sal 121, 2):

 

1.-        me siento con la intención de contaros alguna experiencia: me cuesta. Esta semana fue difícil: mi hijo me llama y me cuenta las dificultades por las que está pasando. Me siento impotente; vive lejos; siento pena. “Mi auxilio me viene del Señor”, lloro un poco, me recojo en mi interior: rezo, lo encomiende a la Virgen, y sigo en mi actividad. Siento paz dentro: está todo en manos de Dios.

 

1b.-     este fin de semana hubo un Retiro de parroquias. Venciendo mi pereza y desgana fui para pasar tres horas con ellos. Mi autobús de regreso al pueblo salía a las 14:30. Cuando me recogía en mi interior de camino a casa, me resonaba dentro: “ser portadora de Paz”. Y me venían a la mente momentos en que por mi actitud y mi respuesta quizá a veces no era la correcta, no era portadora de esa paz. Fue una luz para enmendarme…

 

1c.-      …tuve  una cena con un grupito de la asociación de mujeres del pueblo: llegué cuando ya casi todas estaban sentadas. Quedaban sitios sueltos, pero estaban guardados para otras personas que aún no habían llegado. Con paz en mi interior, no me enfadé: me fui a un rinconcito. No mostré ni pizca de enfado, aunque el ‘hombre viejo’ es muy cuco, y me tentaba diciendo: “¿por qué hay que dejar el sitio guardado para las que a lo mejor ni vendrán?”. Fue una cena tranquila  y relajada siendo portadora de paz, no creando malos royos.

Esta mañana una de las mujeres me llamó interesándose por mí y diciendo que la disculpara por no caer en la cuenta que no tuve sitio. Le dije: “no tiene importancia”. Pero me dio alegría su llamada.


lunes, 1 de diciembre de 2025

CADA INSTANTE ES LA ESPERANZA

 PALABRA DE VIDA                     diciembre 2025

 

«Los confines de la tierra

verán la salvación de nuestro Dios»

(Is 52, 10)


Llevado al exilio en Babilonia, el pueblo de Israel lo ha perdido todo: su tierra, su rey, el templo, y con él la posibilidad de dar culto a su Dios, lo cual lo había empujado a salir de Egipto en el pasado.

Y he aquí que la voz de un profeta hace un anuncio sorprendente: es hora de volver a casa. Una vez más, Dios intervendrá con poder y llevará de nuevo a los israelitas cruzando el desierto hasta Jerusalén. Y de ese evento prodigioso serán testigos todos los pueblos de la tierra:

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

También hoy la crónica está llena de noticias alarmantes: personas que se quedan sin trabajo, salud, seguridad ni dignidad; jóvenes que ven peligrar su futuro a causa de la guerra, de la pobreza provocada por los cambios climáticos en sus países; pueblos que ya no tienen tierra ni paz ni libertad.

Un escenario trágico afecta a todo el planeta, nos deja sin aliento y ensombrece el horizonte. ¿Quién nos salvará de la destrucción de todo lo que creíamos poseer? La esperanza parece fuera de lugar. Y sin embargo, el anuncio del profeta es también para nosotros:

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

Su palabra revela la acción de Dios en la historia personal y colectiva e invita a abrir los ojos a los signos de este proyecto de salvación. De hecho esta ya está actuando en la pasión educativa de una maestra, en la honestidad de un empresario, en la rectitud de una administrativa, en la fidelidad de los esposos, en el abrazo de un niño, en la ternura de un enfermero, en la paciencia de una abuela, en la valentía de hombres y mujeres que se oponen pacíficamente a la criminalidad, en la acogida de una comunidad.

 

«Los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios».

 

Se acerca la Navidad. En el signo de la inocencia desarmada del Niño, podemos reconocer una vez más la presencia paciente y misericordiosa de Dios en la historia humana y testimoniarla con nuestras decisiones a contracorriente:

«[…] en un mundo como el nuestro, en el que se teoriza sobre la lucha, la ley del más fuerte, del más astuto y del que no tiene escrúpulos, y donde a veces todo parece paralizado por el materialismo y el egoísmo, la respuesta es el amor al prójimo. Esta es la medicina que le puede devolver la salud. […] Es como una ráfaga de calor divino que se irradia y se propaga, penetrando en las relaciones entre una persona y otra, entre un grupo y otro, y transformando poco a poco la sociedad»[1].

Como para el pueblo de Israel, también para nosotros ha llegado el momento de ponernos en camino; es la ocasión propicia para dar un paso adelante con decisión hacia todos aquellos –jóvenes o ancianos, pobres o migrantes, parados o sin techo, enfermos o presos– que esperan un gesto de atención y de cercanía, testimonio de la presencia dócil, pero eficaz del amor de Dios en medio de nosotros.

Hoy, los confines hasta los que hay que llevar este anuncio de esperanza son sin duda los geográficos, que tan a menudo se convierten en muros o dolorosas líneas de guerra; pero también los culturales y existenciales. Además, una aportación eficaz para superar la agresividad, la soledad y la marginación puede provenir de comunidades digitales, encarnadas en muchos casos por jóvenes.

Como escribe el poeta congoleño Henri Boukoulou: «¡Oh, divina esperanza! He aquí que en el sollozo desesperado del viento se esbozan las primeras frases del más hermoso poema de amor. ¡Y mañana es la esperanza!»[2].

LETIZIA MAGRI y el equipo de la Palabra de Vida

 



[1] C. Lubich, Palabra de vida de mayo de 1985: Palabras de Vida/1 (1943-1990) (ed. F. Ciardi), Ciudad Nueva, Madrid 2020, pp. 339-340.

[2] Cf. Aa.Vv., Poeti Africani Anti-Apartheid, I vol., Edizioni Milano, 2003.