VIDA DE LA PALABRA primeras semanas de OCTUBRE
Alguna de mis EXPERIENCIAS tratando
de llevar a la práctica diaria, con la Gracia de Dios, la Palabra de Vida de
octubre («El que quiera llegar a ser grande entre vosotros sea vuestro servidor,
y el que quiera ser el primero entre vosotros sea esclavo de todos», Mc 10, 43-44) y la de septiembre («Poned
por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos a vosotros
mismos», (St 1,
22):
Arriesgándome la boda, decidimos que la llevaba yo en mi coche a
la estación de tren de Ramón y Cajal para empezar a buscar.
Durante el trayecto llamamos a la EMT (compañía de autobuses) y nos
dijeron que al final del recorrido el conductor siempre revisa, pero que faltaban
dos horas: si lo encuentran, nos llamaban; si no, no decían nada. Antes de
verme, ella con el de la taquilla de la estación, habían llamado a
"objetos perdidos".
Traté de vivirlo todo con la mayor serenidad, para no contagiarla
a ella con más nerviosismo aún. Yo no hacía más que rezar al Señor y a la
Virgen y a S. Antonio, con inmensa confianza y con seguridad en Dios, (¡también
por la boda!).
En medio de toda su angustia, yo le repetía: “tranquila; con
ponernos nerviosos no apañamos nada"; "con paz; que con lamentarnos,
no se soluciona".
Para llegar a Ramón y Cajal se tarda casi media hora completa, (y
en regresar otro tanto, claro), así que llamé al novio. No me contestó,
(¡lógicamente!). Llamé a su hermana y le dije que telefoneara a los novios y,
aunque les habíamos insistido que fueran muy puntuales, que, por favor,
llegaran un cuarto de hora tarde a la parroquia.
No sabíamos por dónde seguir el trayecto y en el momento clave acabamos
esas llamadas y pudimos conectar el GPS en el móvil.
Ya en Ramón y Cajal, ella fue llorando y corriendo a preguntar a
los conductores de los autobuses y yo a la taquilla del tren, donde enseguida
me dicen afirmando con la cabeza: "pero..., ¿cuál es su nombre?".
Mientras se me empiezan a escapar lágrimas de emoción y agradecimiento a Dios y
a S. Antonio, les digo: "corro a buscar a la dueña, ¡esperen!".
Cuando la veo a lo lejos preguntando en los buses, no me salía la voz del
cuello por la emoción.
Me meto en mi coche que habíamos soltado muy mal aparcado y voy
arrancando.
En un minuto llega con el bolso y juntos vamos dando gracias a
Dios por cada cosa que ella va revisando, pues está absolutamente todo, hasta
dinero recién sacado del cajero.
Por lo visto, quizá se lo habría dejado esperando al tren en un
banco en el andén y había cerca un indigente, pero sin embargo lo encontró un
vendedor de la ONCE que lo llevó a la taquilla.
Volviendo en el coche (eran ya las 17:15) llamé a la parroquia y
dije que me reservaran sitio para que nadie aparcara delante de la cochera y
que me dejaran la puerta abierta de par en par que llegábamos a las 17:40 (se
lo avisé también a la hermana del novio) y unos minutos para preparar y, si
Dios quiere, a las 17:45 podríamos estar empezando la ceremonia.
Cuando por fin llegamos, el novio muy comprensivo y sonriente nos
dio incluso las gracias porque les venía bien a la novia ese tiempo extra. La
ceremonia resultó maravillosa y luego hubo muchos agradecimientos al acabar por
parte de todos a todos.
Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando
de llevar a la práctica diaria la Palabra de Vida de
octubre («El que quiera llegar a ser grande entre vosotros sea vuestro servidor,
y el que quiera ser el primero entre vosotros sea esclavo de todos», Mc 10, 43-44), la de septiembre («Poned por obra la Palabra y no os contentéis solo con oírla, engañándoos
a vosotros mismos», (St 1,
22) y la de agosto («Señor, ¡qué bueno es que estemos
aquí!», Mt 17, 4):
No me
ha influido en el ánimo, gracias en gran medida a la Palabra de Vida.
En el
plan de vida que me hice, -contando con mi condición de manco y cojo-, me
propuse leer el Evangelio de la liturgia cada día y vivirlo bajo el lema de
estar siempre ocupado: lecturas, trato con la familia, amigos, estudio,
escribir y telefonear... y todo desde esta óptica de poner por obra el
Evangelio del día.
Desde
luego que no me he aburrido, y he experimentado muchos momentos de paz y
contento interior, aunque también acompañando a Jesús en la cruz.
Os lo
comparto para vivir en unidad de fe con vosotros…”.
2.- “…el domingo de la semana pasada un grupo de voluntarios
de la Parroquia se puso al servicio de los chicos de una fundación que cuida de
personas con capacidades diferentes. Les queda poca familia a los “chicos” (ya
bastante mayorcetes algunos) y los domingos hay menos trabajadores, con lo cual
les viene bien ver caras amigas, para no sentir tanta soledad...
De
esta manera, dimos vida a las palabras de Jesús, porque estos voluntarios
quieren ser grandes en el mundo, y lo primero es ponerse al servicio por amor.
Fuimos todos juntos a la sierra e hicimos una ruta de varias horas: les
acompañamos y ayudamos a superar todos los obstáculos del camino.
Una
experiencia inolvidable para estos chicos y una satisfacción enorme ver la
entrega y servicio de los voluntarios durante todo el día…”.
3.- “…hoy después de la
Santa Liturgia, tuvimos la oportunidad de hacer algunas compras. Desde que
entré sabía lo que necesitaba: poco a poco nos estamos preparando para la
temporada de frío. Cuando llegué a la estantería, vi muchas ofertas. Los
calcetines eran 2+1 gratis. Me dije a mí mismo: ¿realmente los necesito todos?
En casa me volvió a preguntar por qué no quería aceptar la oferta. Respondí
nuevamente que no los necesito todos. Lo que tengo es suficiente para mí (con
un cliente así, arruino las tiendas, jeje).
Cuando digo esto, siempre pienso en el
ejemplo de la Madre Teresa, que una vez rechazó cierta donación. Su respuesta a
aquel benefactor fue clara y contundente: si tomo lo que no necesito, me hace
daño. Chiara Lubich también tenía la costumbre de que cuando recibía un abrigo
como regalo, donaba el que tenía en su armario, con la lógica del evangelio: “el
que tiene dos vestidos, que dé uno al que no tiene”…”.
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